El mayor reto es la lluvia. Ya no cae en los tiempos que marca el calendario agrícola; se adelanta o se atrasa, y eso complica todo el ciclo de siembra
La producción de soya en Altamira atraviesa uno de sus momentos más críticos, ante la escasez de lluvias y las altas temperaturas que afectan seriamente a los cultivos en la región. La situación pone en riesgo una actividad agrícola que durante años posicionó al municipio como uno de los principales productores del estado.
ESPECIAL / LA RED DE ALTAMIRA
ALTAMIRA. – La producción de soya en Altamira atraviesa uno de sus momentos más críticos, ante la escasez de lluvias y las altas temperaturas que afectan seriamente a los cultivos en la región. La situación pone en riesgo una actividad agrícola que durante años posicionó al municipio como uno de los principales productores del estado.
José Enríquez Reyes, presidente del Comité Campesino, explicó que este año apenas se prevé sembrar 20 mil hectáreas, cifra que representa casi la mitad de lo que se cultivaba hace diez años, cuando se alcanzaban más de 38 mil.
Además del clima adverso, el bajo precio del grano ha desalentado a los productores. “Sembrar una hectárea cuesta unos 10 mil pesos, pero la tonelada se está pagando en apenas 5 mil. Antes la podíamos vender hasta en 7 mil”, señaló.
En 2024, se sembraron 18 mil hectáreas y la producción fue rescatada por las lluvias asociadas a la tormenta tropical Alberto. Sin embargo, este año las condiciones han sido mucho más secas, reduciendo notablemente los rendimientos.
“Actualmente, se cosecha entre una y una tonelada y media por hectárea, cuando en otros años llegábamos a obtener hasta cinco. La diferencia es la falta de humedad en el suelo”, lamentó Enríquez.
A pesar del panorama desfavorable, los campesinos se mantienen en el campo, aunque muchos han comenzado a diversificar hacia cultivos con mayor demanda o que ofrecen mejor rentabilidad.
Enríquez Reyes detalló que un productor promedio del sector social trabaja entre 10 y 15 hectáreas, dependiendo del estado del terreno. “Nuestro mayor reto es la lluvia. Ya no cae en los tiempos que marca el calendario agrícola; se adelanta o se atrasa, y eso nos complica todo el ciclo de siembra”, concluyó.
