“No fue un error, fue un atentado”: mujer exige justicia tras ataque dentro de Campo Militar en Tampico
La señora Florinda no vacila al contar lo sucedido. Eran las 1:30 de la tarde cuando entró al campo para entregar comida a su esposo, un sargento adscrito al 15° Batallón de Infantería. Iba con su hija de 11 años. Minutos después, su vehículo recibió disparos. Desde entonces, la menor sufre secuelas emocionales. “Esto no fue un accidente, fue una agresión directa”,
Pilar Dantés / LA RED DE ALTAMIRA
TAMPICO. – Frente al Palacio Municipal de Tampico, Florinda Casado Zepeda alzó la voz en nombre de su hija, de su esposo militar, y de sí misma. No era una protesta masiva, pero sí una denuncia contundente: el 30 de abril, su camioneta fue baleada dentro del Campo Militar de Tancol y a casi un mes, asegura que nadie en el Ejército ha dado una respuesta seria.
Florinda no vacila al contar lo sucedido. Eran las 1:30 de la tarde cuando entró al campo para entregar comida a su esposo, un sargento adscrito al 15° Batallón de Infantería. Iba con su hija de 11 años. Minutos después, su vehículo recibió disparos. Desde entonces, la menor sufre secuelas emocionales. “Esto no fue un accidente, fue una agresión directa”, afirma.
Ella acusa omisión y encubrimiento. Señala directamente al general Jaramillo, al teniente coronel Velázquez Torres, al coronel Santamaría Mendiola y al abogado militar Ezequiel Bautista, quienes —señala— han optado por el silencio.
A cambio de su silencio, dice, le ofrecieron 10 mil pesos y una reparación superficial de su vehículo. “Me querían comprar, pero esto fue un atentado y tengo pruebas: fotos, audios, conversaciones”, declara.
En busca de justicia, el 6 de mayo presentó una queja formal ante la Comisión de Derechos Humanos del Estado de Tamaulipas y planea acudir también a la Fiscalía General de la República (FGR) y a la Fiscalía de Justicia Militar. Pero su lucha no es sin costo: teme por posibles represalias hacia su esposo, aún en servicio activo.
Florinda no pide venganza. Pide verdad, pide justicia. Con su protesta solitaria ha logrado lo que el aparato militar no ha hecho en semanas: hacer visible un caso que incomoda, pero que, como ella insiste, no puede ni debe quedarse encerrado entre las paredes del cuartel.
