Francisco Ramos Aguirre
La construcción de casas familiares y edificios públicos, representó una de las
prioridades de los pobladores de la recién fundada Villa de Santa María de Aguayo que
entonces contaba con tres acequias. Para ello los primeros colonos echaron mano de los
materiales disponibles de la región. Algunos de ellos, se mencionan en el acta fundacional
del villorrio establecido por don José de Escandón y de la Helguera, Conde de la Sierra
Gorda quien consigna en el manuscrito maderas de nogal, fresno, sabino y pino; palmas,
cal y piedra suficientes para las viviendas establecidas en los solares asignados por los
colonizadores.
Años más tarde el visitador español Agustín de la Cámara Alta, agrega en su
Informe la presencia de huizaches, fresnos, encinos, sabinos colorados, pinos, ébanos y
otros árboles grandes de diferentes especies. A mediados del siglo XVIII se inició el
levantamiento de casas, iglesia, jacales cercanos al Río San Marcos y edificios aledaños a la
Plaza Principal donde atendían las autoridades. Las chozas o habitaciones de los vecinos,
dice Tienda de Cuervo “…son jacales de tabla y rejas cubiertos de palma.” Lo mismo
existían viviendas de paredes de barro y paja, techo de palma, guano y vígas de árboles
endémicos.
Con el tiempo, los alarifes descubrieron una mina de sillar que en la década de los
treinta del siglo XIX fue descrita por el explorador y botánico suizo Luis Berlandier.
Precisamente ubicada en la colina al sur de Ciudad Victoria, en un sitio también conocido
como la Loma del Muerto. En 1837 la capital tamaulipeca inició un proceso de
consolidación demográfico. Según el cuadro estadístico del gobernador José A. Quintero,
señala un censo poblacional de 3 mil 835 habitantes. Existían 45 casas de piedra y 251
jacales forradas de guano o lodo, piedra, horcones, techo de palma y una parroquia
atendida por dos sacerdotes.
A principios del siglo XX este cerro era propiedad de don Pedro Sosa, un conocido
herrero quien donó al obispo rebelde Eduardo Sánchez Camacho los terrenos y
posteriormente cientos de bloques de sillar para la construcción del Santuario de Nuestra
Señora de Guadalupe. Hombre de enorme generosidad y filantropía, Sosa cedió a familias
de escasos recursos económicos, docenas de lotes para que construyeran sus casas donde
actualmente se localiza la Colonia Pedro Sosa.
Al menos hasta mediados de los años veinte de la pasada centuria, la mayoría de
las casas victorenses eran de sillar, adobe, piedra y ladrillo. De este patrimonio
arquitectónico protegido existen numerosos ejemplos de edificios y casas, ubicadas en el
centro de la ciudad. Por ejemplo el ex Asilo Vicentino, Casa Filizola, Hospital Civil, Palacio
Municipal, Hotel Palacio y otros.
La Pedrera de Tamatán
Otras de las canteras de la capital tamaulipeca que se tienen noticias son la del
Panteón, cerca del Cementerio Municipal del Cero Morelos y La Pedrera de Tamatán que
operaban en 1909. En esta última se extrajo material para la instalación de las vías del
ferrocarril Central del Golfo Monterrey-Tampico y posteriormente la construcción de
casas. Probablemente, durante algún tiempo esta zona de árboles frutales y plantaciones
agrícolas fue conocida como La Hacienda de la Roca, aunque su nomenclatura original fue
Tamatán que significa, lugar donde transitan las canoas.
A principios del siglo XX operó en Victoria un tranvía de mulitas, propiedad del
Coronel Manuel González Jr., propietario de la mencionada hacienda y planta de luz quien
pretendió ser gobernador de Tamaulipas. Precisamente a través de este medio de
transporte de tracción animal, se trasladaba la piedra hasta la estación del ferrocarril,
enfrente de la Plaza de los Héroes.
Horrible Accidente
¡Que tristeza! En septiembre de 1907 una fatal noticia se difundió como reguero
de pólvora entre los habitantes de Ciudad Victoria, derivada de una explosión en La
Pedrera de Tamatán, en ese tiempo productora de balastre para los durmientes del
camino de hierro. El derrumbe se produjo a la una de la tarde, dejando sepultados a varios
operarios que se desempeñaban en la extracción de piedra.
Uno de los periódicos que divulgó la lnoticia de la desgracia fue El Tiempo de la
capital del país. “…en el acto se dio parte a las autoridades, las que inmediatamente
dictaron las medidas que juzgaron oportunas para auxiliar a quienes estuvieran en
condiciones para poder ser salvados. Hasta las cinco de la tarde, se habían extraído once
muertos, teniéndose la plena seguridad de que aún había algunos cadáveres entre los
escombros, que no podían ser removidos en su totalidad…fueron también sacados
dieciséis heridos, de los que mayor parte se hallaban en tan gravísimo estado, que se
dudaba mucho de salvarlos.” Ese mismo año, se descarriló un tren en La Pedrera.
Otro accidente relacionado con La Pedrera, cuando en junio de 1948 sucedió
cuando una “góndola loca” o vagón del ferrocarril con cincuenta toneladas de piedra que
se desplazaba a toda velocidad fue controlada por el garrotero Raúl Quijano, gracias al
oportuno y rápido cambio de vía. Esta maniobra evitó que chocara con el tren de
pasajeros proveniente de Tampico, mientras se encontraba en los patios de la estación del
ferrocarril de Victoria. La góndola terminó estrellándose con las jaulas de ganado que
operaban en el embarcadero.
Comunistas en la Pedrera
Durante varias décadas del siglo pasado, La Pedrera de Tamatán se convirtió en el
principal centro de abastecimiento de piedra en diferentes partes del país. Principalmente
Coahuila, Nuevo León y Tamaulipas a donde se enviaba en ferrocarril gran parte de la
producción. De esta manera, la explotación de roca extraída del gran cerro localizado
cerca del Camino Real a Tula, atrajo números trabajadores provenientes de los municipios
del Cuarto Distrito.
Desde aquellos tiempos eran comunes los casos de insolación entre los obreros de
La Pedrera. Alrededor de 1930 Valentín Campa, líder ferrocarrilero y activista del Partido
Comunista Mexicano fundó el Sindicato de Obreros de la Pedrera de Tamatán, gracias al
apoyo de Vicente Guerra joven izquierdista de la localidad. La mayoría de los obreros
pertenecieron a las primeras células del Partido Comunista Mexicano. El caso es que
Balbino Barrón demandó a la empresa Viñolas y Cía., debido a hemorragias nasales por
rudo trabajo durante diez horas diarias a cambio de: “…diecinueve centavos por cada
carretilla de piedra…” Este obrero fue cesado igual que Secundino Jasso, Secretario
General del Sindicato. La defensa del trabajador estuvo a cargo de Campa.
Durante un corto período, las actividades laborales en la pedrera fueron
suspendidos. Sin embargo, a finales de diciembre de 1935 durante el gobierno de Marte R.
Gómez se anunció la apertura de la empresa, considerando que para esas fechas se había
procedido “…arreglar la vía del ferrocarril que conduce los trenes hasta la Pedrera de
Tamatán”. Bajo estas circunstancias, se hablaba de la contratación de numerosos obreros
especialistas en esta actividad.
Para colmo de males otro acontecimiento que marcó el ritmo laboral de La
Pedrera, sucedió en agosto de 1938 cuando las intensas lluvias -más de 40 horas- de un
ciclón azotaron la capital de Tamaulipas. Además de casas, edificios, plantaciones y
caminos la corriente arrasó con La Pedrera de Tamatán destruyendo la vía, canastillas, dos
góndolas del ferrocarril, molinos y parte de la maquinaria. En los años ochenta, parte de
ese espacio y de la instalaciones de la antigua Escuela Normal Rural de Tamatán se
acondiciononaron como campo de tiro y prácticas militares de la Academia de Policía.
(Periódico El Progresista/Ciudad Vicitoria, Tamaulias/junio/1909; periódico El
Tiempo/México, D.F., septiembre 17/1907; periódico El Gallito/Ciudad Victoria/diciembre
7 de 1935; periódico El Nacional/México, D.F. junio 12/1948; periódico El Nacional/México
D.F., 31 de agosto/1938;
