Si el agua para consumo humano estaba garantizada en el río Bravo, ¿por qué miles de familias de Reynosa se quedaron sin servicio después de cuatro administraciones que aseguran haber invertido grandes cantidades en infraestructura hidráulica?
Por Isaías Álvarez
REYNOSA.- Durante muchos días de julio, habitantes de distintas colonias de Reynosa abrieron las llaves de sus casas y no encontraron agua. En algunos sectores apenas hubo baja presión; en otros, el servicio desapareció por completo. La respuesta del gobierno municipal llegó en forma de pipas, recorridos por colonias y un reclamo público del alcalde Carlos Peña Ortiz a la Comisión Nacional del Agua.
“De donde sea, pero manden agua a Reynosa”, exigió el presidente municipal el 10 de julio, al asegurar que la Conagua no estaba enviando el volumen que correspondía a la ciudad desde las presas Falcón o Marte R. Gómez. Según su versión, la falta de caudal en el río Bravo había impedido que la Comisión Municipal de Agua Potable y Alcantarillado de Reynosa captara y distribuyera suficiente agua a las familias.
Horas después, el Ayuntamiento informó que las compuertas de la presa Falcón serían abiertas durante 48 horas, para abastecer las ciudades fronterizas. La administración municipal presentó la medida como resultado de las gestiones realizadas por Peña Ortiz ante la Conagua y la Comisión Internacional de Límites y Aguas.
Pero tres días más tarde, el Gobierno de Tamaulipas ofreció una explicación distinta. El secretario de Recursos Hidráulicos, Raúl Quiroga Álvarez, aseguró que el agua para consumo humano en los diez municipios de la frontera nunca estuvo en riesgo. En entrevista, Quiroga Álvarez menciono que, de acuerdo con la información oficial de la Conagua y la CILA, las extracciones de las presas internacionales estaban programadas desde el inicio del año hidráulico y existía volumen suficiente para garantizar el abastecimiento urbano.
El titular de la SRHT reconoció que el río Bravo había registrado niveles bajos, pero negó que esa condición hubiera provocado una escasez capaz de dejar sin suministro a Reynosa. Como argumento, señaló que Matamoros, ubicado al final de la cuenca y más de cien kilómetros aguas abajo, mantuvo el servicio. Tampoco la Ciudad de Río Bravo habría enfrentado una falta de agua en la fuente de abastecimiento.
La diferencia entre ambas versiones es considerable.
Mientras el alcalde sostiene que Conagua dejó de mandar el agua programada, el secretario estatal afirma que el recurso siempre estuvo disponible y que, si no llegó a las viviendas, la explicación tendría que buscarse dentro de la operación del organismo encargado de captarlo, potabilizarlo y distribuirlo. Ese organismo es la COMAPA de Reynosa. Y Carlos Peña Ortiz, el mismo alcalde que reclamó públicamente a la Federación por la falta de agua, preside también su Consejo de Administración. La crisis abrió así un serio cuestionamiento: ¿faltó agua en el río Bravo o falló Reynosa en llevarla hasta las casas?
