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Raúl Hernández Moreno
12-febrero-2026
México vive un debate sobre si debe o no reducirse la jornada laboral de 48 a 40 horas semanales, un tema que en Francia se aprobó en 1936 y en el 2000 se redujo a 35 horas, con el agregado de que el trabajador puede trabajar horas extras, hasta completar 48 a la semana, y estas horas se excedentes se pagarán a un valor mayor a las primeras 35.
Para los políticos es muy fácil proponer que la jornada se reduzca a 40 horas semanales; igual pueden decir que se trabaje tres días a la semana, de cuatro horas cada jornada: total, ellos no tienen empresas y no deben ocuparse en cómo hacerlas productivas.
Y es que, si hoy se mandata que la jornada semanal sea de 40 horas, un negocio, digamos un restaurante, tendrá que pagarle al trabajador las horas extras para que siga trabajando 48, porque tiene que abrir y generar ingresos que le permitan pagar impuestos, salarios, gastos operativos.
Con la llegada de Morena al poder se implementó la política de aumentos salariales por decreto, sin analizar la operatividad de las empresas. El salario debe aumentar un porcentaje cada año, acorde a la inflación o un poco más, pero nunca al doble o al triple, porque eso genera que los negocios quiebren.
Los aumentos salariales tienen que darse en función de la producción y corresponde a los trabajadores exigir esos incrementos y convencer al patrón de que, si no los otorga, buscará trabajo en otra parte y a ver cómo funciona el negocio.
Aquí en Nuevo Laredo, en las maquiladoras se trabaja 40 horas y eso es el resultado de las luchas sindicales. Hay que copiar las cosas buenas.
No es casual que en pleno 2026, el 55 por ciento de los mexicanos vivan en la informalidad, lo que equivale entre 32 y 34 millones de personas, que en su mayoría no pagan impuestos de manera formal y no tienen acceso a la seguridad social. Los vemos en las calles, como franeleros, como cerrillitos en los supermercados, vendiendo semillas y chicles en las banquetas y el gobierno los mete en una estadística y se pavonea que la tasa de desempleo anda por debajo del 3 por ciento, cuando es un mito.
En otro tema, 117 parejas se casaron gratuitamente, aprovechando la campaña de matrimonios gratuitos que cada año promueven de manera conjunta el Sistema IF y la dirección del Registro Civil.
La ceremonia fue encabezada por la presidenta del Sistema DIF en Nuevo Laredo, Claudette Canturosas y los cuatro oficiales del Registro Civil en la ciudad, Erika de León Rivera, Mariana Soledad Escamilla Valle, Ricardo Mancillas Luna y Ricardo Pérez Torres.
Por alguna razón que desconocemos, ha disminuido el número de parejas que se casan durante esta campaña. En los tiempos en que el abogado Rubén Cárdenas Mandiola estaba al frente de la Oficialía Cuatro se casaron más de 400 parejas y varios años más atrás, más de 700.
¿Será que el matrimonio cada vez es menos popular? Como diría Genaro González Gaucín, ¡averígüelo Vargas!
En otro tema, en Matamoros la refresquera Coca Cola y el gobierno del estado, pusieron en marcha el programa “Escuelas con agua”, mediante el cual se captará el agua de lluvia.
El programa inició en la Secundaria General Lázaro Cárdenas y contempla la instalación de siete sistemas de captación de agua pluvial en escuelas públicas de Matamoros, los cuales permitirán dotar de autonomía hídrica a más de 4,500 alumnas y alumnos, mejorando las condiciones educativas y promoviendo un uso sostenible del recurso hídrico.
El plan permitirá obtener 1.6 millones de litros de agua de lluvia.
La inversión total del proyecto asciende a 1.7 MDP realizada por Arca Continental, Coca-Cola México y Fundación Coca-Cola México.
