septiembre 29, 2022

AL VUELO  –  Chabela

Por Pegaso

Se petateó Chabela. Estiró la pata.

Desde hacía varias décadas, había una carrera parejera entre la reina Isabel de Inglaterra y nuestro queridísimo Chabelo, amigo de todos los niños, para ver quién era el más longevo y el que finalmente iba a quedar en solitario como el Matusalén de nuestros tiempos.

La reina de Inglaterra ya había enterrado a tres papas y no sé cuántos presidentes de Rusia y Estados Unidos, y ella seguía vivita y coleando, viviendo sin trabajar durante toda su vida gracias a un título heredado por sus antepasados.

Recordemos que, en realidad, los reyes, aunque ellos decían que Dios los había puesto en el trono, en realidad llegaron a serlo gracias a los asesinatos, crímenes, violaciones y robos que, como facinerosos de su tiempo, hacían en perjuicio de los más débiles.

¡Cuánto dinero no se robaron los reyes de España durante la colonia en México! ¡Qué de riquezas malversaron los monarcas ingleses procedentes de sus colonias de América, Asia y África!

Los reyes eran señores de horca y cuchillo, más o menos como son actualmente los jefes de los cárteles. No podías verlos siquiera a la cara, porque te mandaban ahorcar o guillotinar.

Muy pocas veces salían de sus reales aposentos, tenían la piel muy blanca y se les traslucían las venas, por eso decían que eran de “sangre azul”.

Cuando una correteable chamacona de la villa se iba a casar con algún mocetón, inmediatamente iban los esbirros del rey para llevarla hasta su alcoba y ahí cobrar su “derecho de pernada”. Después la devolvían al novio, deshonrada y adolorida.

No sé si también a las doncellas feyoyas les hacían lo mismo, pero no creo, porque los reyes eran libidinosos, no pendejos.

Toda esa es la herencia de Chabela. Una herencia de sangre y terror, disfrazada de glamour.

Ahora entiendo por qué todas las quinceañeras quieren ser princesas y encontrar su príncipe azul: Quieren vivir una vida de comodidades sin fin, pero nunca se ponen a pensar la gran cantidad de sufrimiento causada por los malditos reyes.

Por eso, siempre es bueno que se vayan muriendo esos parásitos.

Entre las cosas “buenas” que se dicen de la fallecida Isabel II es que durante su reinado alrededor de 25 países que eran colonias inglesas, lograron su independencia. Pero ¡a qué costo!

Hay quienes aseguran que las cosas malas siempre duran más, que la mala hierba siempre crece más rápido y más grande.

La reina Chabela vivió por 96 años. La verdad, es que nunca fue una tipa agraciada, incluso cuando era joven. Sin embargo, los billetes de su familia hacían que se le quitara lo fea y muchos, muchos pretendientes de todo el mundo andaban sobre sus huesitos. En los últimos años los conspiranoicos sacaron varias fotos de la soberana donde se le ve con ojos de víbora y dientes afilados, tras lo cual aseguraban que en realidad era una reptiliana venida de otro planeta.

Dícese, no me lo crean, que Chabela de Inglaterra y Chabelo de México eran los seres más longevos de este planeta, que cuando eran niños jugaban a los caballitos a lomo de dinosaurio. Chabelo ya tenía su programa en la Edad de las Cavernas y sus primeros invitados fueron Los Picapiedras.

Chabela, por su parte, asistía a las fiestas que el faraón Tutankamón organizaba en su palacio de Gizé, ahí, pegadito al río Nilo.

Para fortuna de todos los mexicanos, aquí no hay reyes, aunque tenemos capos, que más o menos es lo mismo.

No tenemos que esperar a que venga un descendiente de Moctezuma, Cuauhtémoc o Cuitláhuac a reclamar el trono de México, porque a esos se los llevaron a España los monarcas ibéricos y les dieron rimbombantes títulos de marqueses o condes.

Y no es que me alegre que haya flipado doña Chabela, pero esa es mi opinión acerca de los reyes. Incluso no me explico cómo en países más civilizados y con gobiernos más progresistas como los europeos, aún existen esas lacras, que solo sirven para adornar las revistas de chismes.

Mi comentario no es porque Isabel II haya sido mujer, que a las mujeres en general las estimo y las aprecio, sino que lo hago desde el punto de vista de su título nobiliario.

Abusivos y criminales, es lo que fueron en su tiempo los reyes y sus herederos mantienen esa ignominiosa mancha sobre sus cabezas.

Viene el refrán estilo Pegaso: “Era necesario que se manifestara, y se manifestó”. (Se tenía que decir, y se dijo).