“Tecnología, juventud y transformación social (UAT)”
Por: Lic. Bárbara Lera Castellanos.
Durante los últimos cincuenta años, la tecnología ha transformado profundamente la manera en que vivimos, estudiamos, trabajamos y nos relacionamos.
En la década de 1970, el acceso a la información dependía principalmente de libros, bibliotecas, periódicos y medios de comunicación tradicionales.
Con el paso del tiempo surgieron las computadoras personales, el internet, los teléfonos celulares y más recientemente la inteligencia artificial y las plataformas digitales.
Estos avances han reducido distancias, acelerado la comunicación y permitido que el conocimiento esté disponible para millones de personas.
En México, la tecnología ha contribuido al desarrollo de diversos sectores, tales como la educación, la medicina, la industria, el comercio y los servicios públicos, que han encontrado nuevas herramientas para mejorar sus procesos. Asimismo, las tecnologías digitales han favorecido el emprendimiento juvenil, el trabajo a distancia y la creación de proyectos sociales y culturales que antes parecían imposibles.
Sin embargo, sus beneficios no han llegado de la misma manera a todas las comunidades.
La desigualdad económica, la falta de conectividad y la brecha digital continúan siendo desafíos importantes, especialmente en zonas rurales y marginadas.
Dicho esto, para los estudiantes de La Universidad Autónoma de Tamaulipas (UAT) la tecnología representa una oportunidad extraordinaria de aprendizaje continuo y crecimiento tanto personal como profesional.
Actualmente los estudiantes pueden acceder a cursos, bibliotecas virtuales, conferencias internacionales y comunidades académicas sin salir de su lugar de origen.
En este contexto, la UAT cumple una función fundamental, porque puede formar profesionistas capaces de utilizar la tecnología con creatividad, responsabilidad y sentido social.
La UAT no solamente debe impulsar el dominio de herramientas digitales, sino también fortalecer el pensamiento crítico, la investigación, la innovación y la ética.
No obstante, también existen retos que no debemos tomar a la ligera, un ejemplo es el exceso de dispositivos puede afectar la salud mental, la concentración y las relaciones personales principalmente en adolescentes y jóvenes.
Además, la desinformación, el ciberacoso, el robo de datos y la dependencia tecnológica exigen una ciudadanía digital más consciente.
Por ello, los jóvenes deben aprender a distinguir información confiable, proteger su privacidad y emplear las redes sociales para construir, dialogar y participar responsablemente.
La tecnología no debe considerarse un sustituto de la persona, sino una herramienta al servicio de la humanidad.
Mexico y Tamaulipas necesitan jóvenes preparados para innovar, pero también sensibles ante la pobreza, la desigualdad, las injusticias y las necesidades de sus comunidades.
Desde la UAT, cada estudiante puede convertirse en agente de cambio si combina conocimiento científico con solidaridad, responsabilidad y compromiso.
El verdadero progreso no consiste únicamente en tener dispositivos más modernos, sino en utilizar la tecnología para construir una sociedad más justa, incluyente y humana.
