Javier Claudio / LA RED DE ALTAMIRA
NUEVO LAREDO. – Con la introducción de carne mediante mayoreo, procedente del interior del país y la sensible reducción del consumo del producto de agostadero, la elevación de precios se sostiene sin contrapeso de los precios baratos.
Los efectos por igual son en el Rastro Municipal, al tener qué contraer sustancialmente la matanza de reses al bajar la demanda de consumo del total que se abastecía a las llamadas carnicerías de barrio, dijo Rubén Gómez Uribe.
El propietario de una de las llamadas carnicerías de barrio situada en la colonia Palacios, precisó que la baja matanza el Rastro Municipal proviene a la escasa demanda local por la carne de agostadero y el disparado consumo de la carne de ganado de engorda.
Expuso que la disparidad de costos que se vive en los precios de la carne deriva elementalmente del intermediario, pero también sustancialmente de la falta de competencia con la de tipo agostadero.
“Nosotros vendemos el canal de engorda apenas por encima de los 70 pesos, mientras que, ya puesta en los anaqueles para venta, la más barata llega alcanzar hasta por encima de los 180 pesos el kilogramo”, replicó el ganadero.
Asintió en que el corte más barato casi alcanza los 120 pesos, mientras que los de tipo especial oscila en los 280 pesos, situación que obliga a contraer la demanda y más aún en la de animales de agostadero.
Asintió en que la baja del consumo de carne por su precio inalcanzable, propicia un sacrifico en el Rastro Municipal cada vez menor. Sin embargo, se busca ofertarla más barata que la que proviene del interior del país a los supermercados.
Otra de las desventajas de las carnicerías de barrio, dijo Gómez Uribe, es que al comprar por canal, se ven limitados en los cortes que busca el público
