Por: Susuki Esmeralda G.
Antes, el Honoris Causa se le daba a quien había cambiado el mundo sin pedir nada a cambio. A un científico, a un poeta, a un luchador social. Era el máximo honor que una universidad podía otorgar. Hoy se le da al que puede pagar el auditorio.
Puntualicemos a quienes se debe otorgar tal mención honorífica punto por punto.
Un Honoris Causa, se otorga por haber trascendido sin necesidad de ese título.
Por reglamento universitario, se le debe dar a personas que cumplan esto:
Por mérito académico y científico real.
Quienes han cambiado su campo. Un investigador que descubrió algo, un médico que curó algo, un ingeniero que inventó algo. Ejemplo: Mario Molina, Premio Nobel de Química.
Por aportación cultural y artística excepcional. Escritores, artistas, cineastas, músicos cuya obra se volvió patrimonio. No el de moda, el que deja legado. Ejemplo: Juan Rulfo, Gabriel García Márquez, José Saramago.
Por lucha social, humanitaria o defensa de derechos humanos. Gente que arriesgó todo por otros. Mandela, Malala, Javier Sicilia. No políticos en funciones.
Por servicio extraordinario a la universidad o a la humanidad. Filántropos con años de labor comprobable.
Si la persona necesita el Honoris Causa para verse importante, es que no lo merece. El que lo merece no lo necesita.
Hemos corrompido la entrega más solemne que tenía la academia. Ya no es causa honoris, es causa facturis. Causa por factura.
En Tamaulipas y en el resto del país, la lista ofende. Muchas Universidades se lo dan a políticos que no han terminado la prepa incluso que no han hecho nada destacado en su vida, obras realmente sobresalientes, a empresarios que donaron el aire acondicionado del teatro universitario, a cantantes que hacen apologías del delito, a cualquier persona que pueda pagar por ello, etc.
La universidad que lo otorga ya no honra, negocia. Cambia un título que tomó 10 años de investigación por una foto que solo sirve para lucirse sin sustento en redes y plataformas. Y en el peor de los casos muchos son vendidos y comprados por otro tipo de organizaciones que no son precisamente Universidades.
Y el daño es doble. Primero, se devalúa a quien sí lo merece. Cuando pones en la misma lista a un Premio Nobel y a una persona que no ha hecho nada meritorio, no elevas a estas personas, rebajas al Nobel. Segundo, le enseñas al estudiante y a la sociedad que el mérito no importa. Que no necesitas producir conocimiento, solo tener padrino.
Un Honoris Causa debería doler, debería costar años ganarlo. Hoy se entrega en 15 días, con toga prestada y discurso escrito por otro. El homenajeado no sabe ni qué significa “honoris causa” y la universidad finge no darse cuenta.
La falta de honestidad de muchos en recibir algo que saben no merecen, ni han hecho los méritos necesarios es ofensivo.
El prestarse a este tipo de acciones ataviados de pies a cabeza con una investidura propia de la ceremonia que no les corresponde.
Antes tenías que ser Juan Rulfo, Carlos Fuentes, Mario Molina. Tenías que haberle dado algo a la humanidad. Hoy basta con que alguien te lo ofrezca con un pago correspondiente.
Es obsceno ver el calendario de algunas universidades en el pais. Un mes le dan el doctorado a un secretario de estado que no sabe redactar un oficio, al siguiente a una diputada que faltó a todas las clases, al siguiente a una persona meramente popular sin causa.
¿Qué mérito tiene? Ninguno. ¿Qué aportó a la ciencia? Nada. ¿Qué hizo por la universidad? Pagar la cena del evento.
Ya no es un reconocimiento, es una transacción. Yo te doy el título, tú me das presupuesto, protección o difusión. Es una compra-venta de prestigio.
Y en medio quedan los alumnos y sociedad, viendo cómo este doctorado, vale exactamente lo mismo que un cartón que le venden al público en general a diestra y siniestra, hoy abundan los doctores honoris causas.
Nos hemos burlado del saber. Hemos puesto la toga y el birrete al servicio del comercio. Cada Honoris Causa regalado a un mediocre es una bofetada a cada investigador que sí trabaja, a cada maestro que sí enseña, a cada alumno que sí estudia.
Ya no es Honoris Causa. Es Honoris Cuesta. Cuesta dinero, cuesta favores, cuesta dignidad.
Y mientras nadie diga nada, seguirán entregando doctorados como si fueran volantes en un crucero.
Así que cuando alguien le diga que recibió un doctorado honoris causa, recuerde la lista de méritos y piense si esta persona embona en ella, por el bien de la sociedad.
Dato Educativo
Firma rector de la UAT convenio nacional con el Instituto Mexicano de Contadores Públicos
En un acto que proyecta a la Universidad Autónoma de Tamaulipas (UAT) a nivel nacional y refrenda su política de transformación, el rector Dámaso Anaya Alvarado y la presidenta del Comité Ejecutivo Nacional del Instituto Mexicano de Contadores Públicos (IMCP), Ludivina Leija Rodríguez, encabezaron la firma de un convenio de colaboración enfocado en fortalecer la vinculación académica y profesional, así como en detonar nuevas oportunidades de desarrollo.
Al respecto, el rector Dámaso Anaya destacó su firme propósito de tender puentes con organismos de prestigio internacional para dotar a estudiantes, docentes, investigadores y egresados de herramientas vanguardistas y altamente competitivas frente a las demandas del mercado laboral. Asimismo, enfatizó que este esfuerzo reafirma el compromiso de posicionar a la UAT como un referente de formación integral, ética y pertinencia social.
¡Saludos cordiales desde el Averno, hasta la próxima entrega!
