Por David Ed Castellanos Terán
En Tamaulipas se firma de todo. Se firma el pacto, se firma la foto, se firma en el baño. Esta semana le tocó al porvenir tecnológico: estudiantes de la UAT metieron la firma en los Convenios de Asignación de Beca del Programa de Incubación de Empresas de Base Tecnológica, Convocatoria 2026 del COTACYT. Siete equipos universitarios de once que el Estado se dignó autorizar. El rector Dámaso Anaya Alvarado habla de investigación aplicada, transferencia y emprendimiento con impacto social. Habla bien, superbién, aunque nadie niega que ese es el oficio más barato de la administración pública.
En Tampico, la Facultad de Ingeniería saca un CRM (Customer Relationship Management o Gestión de Relaciones con los Clientes) en la nube para no perder clientes en el laberinto de las ventas y un ERP (Enterprise Resource Planning o Planificación de Recursos Empresariales) para que el sector de alimentos deje de inventariar a ojo de buen cubero. Quien conozca una cocina industrial de la zona sabe que el desperdicio no es un accidente: es una costumbre. Si el software obliga a contar antes de pedir, ya hizo más que mil foros de “innovación”.
En Victoria, el asunto se pone más terrestre. Quieren una plataforma que detecte enfermedades en el cultivo antes de que el parcelero las vea con la pala. Quieren HYDROPLANT-LTE para no regar a ciegas. Y quieren —esto ya huele a feria y a aduana— collares IoT VITAPET DS en el ganado de exportación, con la Politécnica de Victoria de copartícipe. Collares en reses. El dato da risa hasta que uno recuerda que una fiebre mal avisada echa a perder un lote y una reputación. El campo no pide poesía; pide que el aparato no se caiga a la primera lluvia y los de la UAT están sudando la gota gorda por el bienestar.
Pero, más allá, Comercio y Administración Victoria arma MezcalTech: tienda digital, trazabilidad, blockchain e inteligencia artificial para el mezcal que todavía se cuece con paciencia de pueblo. El agave entra al siglo XXI con código QR. Veremos si el trago no se vuelve más caro por tanto certificado. Y en Trabajo Social, a cuatro manos con el TecNM Victoria, asoma Pequeñas Conexiones: seguimiento terapéutico y educación inclusiva para chicos que no caben en el molde de la escuela regular. De todos los prototipos, ese es el que menos luce en el catálogo y el que más vergüenza da ignorar.
Siete proyectos no son un milagro. Son siete apuestas contra la costumbre de incubar papeles. Y nadie duda que dentro de un año alguno cobrará, generará empleos e irá más allá de un simple correo institucional.
En la intimidad… El lunes abrieron 357 escuelas en Tampico. 45 mil 381 alumnos. La alcaldesa Mónica Villarreal Anaya eligió la primaria Juan Escutia, allá en Solidaridad, Voluntad y Trabajo —colonia de nombre largo y banqueta corta—, para decir que el Ayuntamiento no se durmió en agosto. Barrió, fumigó, chapoleó más de veinte planteles del norte. Pintó, impermeabilizó y metió aires a 23 escuelas. El gobernador Américo Villarreal Anaya mandó los útiles; el municipio, la escoba.
“Somos un gobierno que está atento a la educación”, soltó frente a 356 niños, con Edwin Tuexi Amaro, Luz Adriana Villarreal, la directora Julieta Guadalupe Domínguez y Claudia Rosas Marín de testigos.
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