Juan Antonio Montoya Báez
Desde el Maharishi hasta las bailarinas del agua
En su momento, el exgobernador Manuel Cavazos Lerma puso en marcha un singular movimiento entre sus colaboradores basado en sus muy particulares creencias místicas, impulsando con fervor la corriente del Maharishi entre su equipo más cercano.
El Maharishi es, en esencia, un sistema de salud natural y medicina tradicional de la India relanzado por el propio yogui para buscar el equilibrio físico y mental. Fue esa la corriente cósmica que Cavazos intentó clavar en el ánimo de sus subordinados —quienes estaban obligados a meditar y hacer otras piruetas mentales—, aunque al final no tuvo el éxito ni los seguidores que el mandatario de los sombreros hubiera esperado.
Hace tiempo, un joven que se autodenominó “el hijo del sol y de la luna” se hizo viral en las redes sociales al lanzar un desconcertante mensaje mientras deambulaba en un evidente estado inconveniente.
Recientemente, el mismo personaje volvió a colgar un video, pero con un semblante totalmente opuesto: hoy vemos a un joven recuperado, dispuesto a luchar y trabajar por sus sueños, dejando aquella grabación como el testimonio de una de las etapas menos favorables de su vida.
No hay nada más valeroso que un ser humano que entiende y atiende sus errores, comprende que es el momento de dar un giro radical y decide pedir ayuda para lograrlo. Bien por el “hijo de la luna”.
Dicho lo anterior, resulta que ahora tenemos en Tamaulipas a la nueva titular de la Delegación de la Secretaría de Bienestar Social (Sebien) federal: Lulú Puente Vizcarra, quien su perfil de Facebook, se presenta muy orgullosa como “danzante del sol” y “guardiana espiritual del agua”, detallando además que colabora activamente con el colectivo Cantoalagua desde el año 2020.
De acuerdo con la información que nos brinda el buscador de Google, la danza del sol es una ceremonia sagrada y tradicional practicada por pueblos nativos de Norteamérica (como los lakota, cheyenne y arapaho) que simboliza la renovación espiritual, la sanación de la comunidad y una conexión profunda entre la tierra y el cosmos a través del sacrificio y el agradecimiento al Gran Espíritu.
En lo que se refiere a ser “guardiana espiritual del agua”, la definición apunta a una figura mística o comunitaria encargada de proteger ríos, cenotes y manantiales. En muchas tradiciones, representa el vínculo sagrado entre la vida, la tierra y la mujer como creadora y protectora del recurso vital.
Pero la funcionaria no se queda ahí. También presume en sus cartas credenciales ostentar un doctorado Honoris Causa por su supuesta trayectoria nacional e internacional en el desarrollo social y humanista, así como por su labor filantrópica.
El pequeño detalle es que omite especificar qué universidad tuvo el honor de colgarle semejante distinción. Ya sabemos que los títulos de doctor Honoris Causa valen exactamente lo que vale la institución que los expide; en las llamadas “universidades patito”, estas condecoraciones tienen un costo puramente económico que convenientemente disfrazan como una “aportación voluntaria”.
Entre seguidores del Maharishi, hijos de la luna, danzantes del sol y guardianes del agua, la realidad nos recuerda de golpe que la política es un eterno carrusel de alternativas extravagantes.
Desgraciadamente para la causa oficialista, con el arribo de la danzante del sol a la delegación federal de Bienestar se perdió, una vez más, la oportunidad dorada de colocar a un verdadero y eficaz operador político en una dependencia que resultará vital y estratégica para los triunfos electorales de la ya cercana aduana del 27, perdió Rodolfo González Valderrama, pero más desperdició Morena.
Por enésima ocasión, todo el peso de la operación de la joya de la corona federal se lo dejan en las manos a una mujer que carece de la experiencia mínima necesaria para manejar un monstruo administrativo que ejerce el control absoluto sobre la política social de Tamaulipas y sus más de medio millón de beneficiarios directos.
En este preciso momento todo es felicidad y en las redes sociales llueven las felicitaciones de cortesía para la bailarina cósmica. Esperemos que conforme corran las semanas y los meses se mantenga ese optimismo desbordado, pues actualmente el panorama político y operativo no pinta nada bien en varios municipios clave del estado.
Por supuesto, si Lulú Puente posee al menos la mitad de la inteligencia y sólida preparación que tenía Cavazos Lerma; si cuenta con la serenidad y la paciencia del “hijo de la luna” para aceptar las pifias y recomponer el camino rodeándose de profesionales reales que la salven de las crisis; y si la nueva delegada canaliza todos sus conocimientos místicos del vital líquido para defender su cargo, los intereses ciudadanos y luchar por la estructura de la 4T, entonces se le augura un buen futuro.
Pero, por lo pronto y aterrizando en la terca realidad, todo luce bastante mal. Una vez más, los estrategas de la Cuarta Transformación desperdiciaron una valiosa oportunidad para avanzar con pies de plomo. Aunque, viéndolo bien, así se las gasta Morena: en medio de su desorden e improvisación, ellos juran que van directo al éxito.
Bueno, por hoy es todo.
Adiós y aguas con los patinazos…
