Juan Antonio Montoya Báez
La unidad política normalmente se hace con el que va ganando en las encuestas; no se hace con el que navega en el segundo, tercero, cuarto o, peor aún, en el último lugar del pelotón.
Bajo el elemental sentido común, los municipios de Ciudad Victoria y Nuevo Laredo pintan más que complicados para cualquiera que resulte al final el abanderado oficial de Morena a la alcaldía; pero claro, con algunos de los perfiles impuestos por el capricho, la cuesta se volverá una misión verdaderamente imposible.
Tampico, por supuesto, no entra en este paquete de angustias guindas. En el puerto jaibo todo parece fríamente decidido para que la candidata de Morena sea la actual alcaldesa Mónica Villarreal Anaya, quien formalizó su registro digital buscando la reelección constitucional ante el colmilludo diputado federal panista Jesús “Chucho” Nader.
Nader, que ya ganó dos veces la presidencia municipal y entregó una impecable administración, arranca como el favorito natural para alzarse con la victoria electoral; lo respaldan seis años de resultados tangibles en materia de servicios públicos, percepción de seguridad, empleo e impulso al turismo.
Aun así, la unidad en torno a Mónica Villarreal es absoluta, para demostrarlo, hace apenas unos días la alcaldesa publicó la fotografía de un almuerzo en torno a las mujeres de la 4T que apuntalan sus aspiraciones.
En la mesa se dejó ver la diputada Úrsula Patricia Salazar Mojica, quien ya se hizo a un lado de la rebatinga local tras anunciar que buscará una diputación federal. También estuvo presente la siempre camaleónica, traidora, pero sumamente eficiente operadora política, la dos veces exalcaldesa porteña, Magdalena Peraza Guerra.
La maestra ha sido priísta, panista al servicio de Francisco Javier García Cabeza de Vaca y lo que se acumule esta semana. Magdalena era la candidata azul a la diputación local en el proceso anterior, pero fue convencida por Morena para bajarse del barco.
Lo hizo, una vez más, como ella bien sabe hacerlo: sin pena, sin inmutarse y sin el menor miedo a besar la lona. Ahora reaparece en el cuadrilátero guinda haciéndola de aguadora, colocadora de vendas, cargando el banquito y lista para aventar la toalla si es necesario cambiarle los aires a Mónica.
Otra de las comensales fue Sabrina Morales, quien arrastra una dolorosa marca negativa en su foja política al haber sido la única candidata de Morena que perdió su distrito local en la pasada contienda.
La noqueó de forma contundente Pepe Schekaibán, el único diputado de mayoría que salvó el pellejo por el PAN en la entidad y quien ya se declara listo para ir por la diputación federal en el sur.
A Sabrina muchos la recuerdan paseándose muy campante en una ostentosa camioneta Denali color guinda; sí, efectivamente, se trata del mismo vehículo que un polémico empresario —involucrado en la red de contratos fraudulentos tanto en el sexenio cabecista como en la actual administración— recibió a cambio de jugosas obras estatales en Abasolo. El olor a complicidad no se quita ni con aromatizante.
Regresando a la frontera norte, en Nuevo Laredo la flamante aspirante Ninfa Cantú Deandar anduvo pidiendo desesperadamente un “pacto de unidad” entre los compañeros que, al igual que ella, buscan la alcaldía.
El feudo aduanero corre un serio peligro de perderse para la causa guinda, lo mismo si compiten contra Yahleel Abdala Carmona (YAC) que contra la senadora Imelda San Miguel Sánchez; cualquiera de las dos panistas borra del mapa a Ninfita en las urnas.
La exsecretaria ruega por unidad en torno a sus aspiraciones personales, olvidando que la disciplina debe darse con el perfil mejor calificado, y ella deambula muy por debajo en los sondeos internos.
Ante este escenario de debilidad, en las mesas del Palacio Nacional ya no descartan la obligada necesidad de que Carlos Enrique Canturosas Villarreal sea el candidato definitivo bajo las siglas del PVEM en alianza con Morena; no será por gusto, sino por pura supervivencia matemática al ser el único que encabeza las preferencias del territorio.
Mientras tanto, en Ciudad Victoria, las cosas rayan en el surrealismo puro. Resulta que el diputado federal José “Pepe” Braña Mojica fue invitado con urgencia a una reunión con la terna de aspirantes que presumen tener el apoyo del tercer piso del Palacio de Gobierno: Luis Gerardo Illoldi Reyes, Katalyna Méndez Cepeda y Rómulo Pérez Sánchez.
El chiste se cuenta solo: se reunieron para exigirle un pacto de unidad en torno a la Cuarta Transformación, pero en lugar de ofrecerle el apoyo al puntero, ¡le pidieron a Pepe que decline y les regale su respaldo para las aspiraciones de ellos!
Todo esto a pesar de que Braña Mojica camina hasta 18 puntos arriba de cualquiera de los tres consentidos del gabinete. Debajo de Pepe aparecen en segundo y tercer lugar los panistas Jorge “Tico” García y Juanjo Salazar, y un poquito más abajito se asoma el ex secretario del Ayuntamiento, Hugo Reséndez Silva.
Señores aspirantes, entiendan una regla básica de la física y de la grilla: la unidad se construye estrictamente hacia arriba, jamás hacia abajo, donde los remolinos mediáticos normalmente buscan hundir, asfixiar y ahogar a quienes cometen el error de dejarse arrastrar por su corriente de derrotas.
Bueno, por hoy es todo.
El patinazo… miren que pedirle al que va 18 puntos arriba que se sume a los del sótano de la encuesta puede terminar provocando una aparatosa fractura en la tómbola del partido.
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