Los apuntados
Por Juan Sánchez Mendoza
Hay cargos de representación popular que nacen con nombre propio y hay otros que, por conveniencia política, habrán de cambiar de etiqueta.
Eso ocurre con la figura de los coordinadores distritales de Movimiento Regeneración Nacional (morena) y sus socios ocasionales –PVEM y PT–, donde la inscripción de aspirantes habría resultado particularmente nutrida.
No tendría nada de extraño porque (en política) cuando se abre una puerta aparecen muchos interesados en cruzarla. Y sobre todo cuando detrás de ella puede encontrarse la posibilidad de una candidatura. Más todavía cuando se trata del partido en el poder, cuya marca representa para muchos una oportunidad que difícilmente están dispuestos a dejar pasar.
Ya ocurrió en el proceso de 2024, cuando fueron más de mil los pretendientes que buscaron participar bajo una figura partidista que generó expectativas, desencuentros y sorpresas.
Pero una cosa es registrarse y otra muy distinta cumplir con los requisitos establecidos.
Ahí está precisamente el problema.
Según ha trascendido, en esta ocasión nuevamente se habría registrado un número considerable de aspirantes que no necesariamente reunirían las características exigidas por la propia convocatoria. De ser así, el primer filtro tendrá que funcionar con absoluta seriedad y, sobre todo, sin privilegios.
Porque si los requisitos están escritos, deben cumplirse.
Y si existen evaluaciones sobre atributos personales, comportamiento y trayectoria política de quienes pretenden convertirse en coordinadores, la selección no puede reducirse a una operación de cuotas, compromisos o acuerdos internos.
La dirigencia de morena y su Comisión Nacional de Elecciones tienen, por ello, una responsabilidad que va más allá de publicar una lista de nombres.
Deben explicar el procedimiento, hacer públicos los criterios y dejar suficientemente claro por qué unos pasan y otros quedan fuera.
No se trata solamente de satisfacer la curiosidad de quienes participan. Se trata de ofrecer certeza a los aspirantes y credibilidad a quienes observan desde fuera.
Porque cuando un partido utiliza nombres distintos para identificar a quienes, en los hechos, podrían tener aspiraciones de elección popular, la transparencia adquiere todavía mayor importancia.
En Tamaulipas, además, la expectativa tiene una razón evidente, pues el proceso electoral concurrente involucra la renovación de 36 diputaciones locales y 43 ayuntamientos.
En ese contexto, cualquier movimiento partidista que coloque nombres y figuras en el escaparate público será observado con lupa.
Ahí surge inquietud por saber ¿Quiénes son realmente los aspirantes? ¿Cuáles son sus antecedentes? ¿Quiénes cumplen con los requisitos de la convocatoria? ¿Quiénes tienen trabajo partidista y quiénes aparecen apenas cuando se abre la posibilidad de obtener una candidatura, aunque su actividad política sea anodina?
Son preguntas legítimas.
También lo es preguntar si la figura de coordinador distrital será utilizada exclusivamente para fortalecer la estructura territorial de morena o si terminará funcionando como una estación previa para quienes buscan aparecer en las boletas.
No corresponde anticipar que todos los registrados tengan una candidatura como objetivo. Tampoco sería correcto descalificar a quienes legítimamente pretenden participar en la vida interna de su partido. Pero tampoco puede ignorarse la naturaleza política del momento.
Cuando un proceso electoral está en puerta, los nombres, los recorridos, las reuniones y las responsabilidades internas adquieren una dimensión política que difícilmente pasa inadvertida.
Por eso, el primer filtro será determinante.
Si la evaluación de atributos personales y políticos se aplica con rigor, los resultados tendrán que ser defendibles. Si por el contrario, aparecen excepciones, nombres que no cumplen o perfiles cuestionados que avanzan sin explicación, el conflicto será prácticamente inevitable.
Entonces los inconformes no serán pocos.
Serán aquellos que, habiendo cumplido con las reglas, consideren que otros obtuvieron ventajas que no estaban contempladas en la convocatoria.
Morena tiene frente a sí una oportunidad para demostrar que sus procesos internos pueden sujetarse a reglas claras. La Comisión Nacional de Elecciones puede disipar dudas haciendo pública, en tiempo y forma, la información correspondiente y explicando las razones de sus decisiones.
Lo contrario alimentaría las sospechas.
Y en política, cuando la información oficial llega tarde, incompleta o solamente después de que las versiones ya circularon profusamente, el vacío suele llenarse con especulaciones.
Por tanto, no basta con decir que existe un proceso interno. Hay que demostrar que las reglas son iguales para todos. Y precisamente por eso, mientras más tarde llegue la información, mayor será la suspicacia.
