David Ed Castellanos Terán

@dect1608

Era un lunes 28 de junio del año 2010, el candidato priísta a la gubernatura de Tamaulipas, Rodolfo Torre Cantú, había sido emboscado y asesinado junto con otras tres personas. Aquel día, la vida en la entidad cambió por completo y el priísmo tamaulipeco quedó moribundo. Después vivieron seis años de rencor político, hasta que el panista Francisco Javier García Cabeza de Vaca, los mató en 2016 y un año después, los del PRI pusieron  todo su esfuerzo y más para su resurrección envueltos en un proceso atípico para elegir a su próximo dirigente estatal.

Volvamos al 2010, tras el asesinato de Rodolfo, el ungimiento de Egidio, el otro de los Torre Cantú y un triunfo aplastante de tres a uno en la elección estatal contra un panista que ni siquiera merece ser nombrado. Los priístas imaginaron que todo iba a ser color de rosa. Sin embargo, fueron seis años de éxodo tricolor, de trabajo político distinto ¡qué va! sobradamente extraño al grado que los sacudió hasta derrotarlos en junio de 2016 que salió victorioso el actual gobernador Francisco García; la derrota priísta fue el eco de un asesinato perpetrado en 2010 a tal grado que últimamente muchos disque del PRI se fueron al partido de López Obrador, sin embargo los auténticos tricolores pese a todo se quedaron y hoy luchan por resurgir de las cenizas de cara a un proceso electoral federal que les permita mantener la presidencia de la República.

Así la atípica enfermedad del Partido Revolucionario Institucional de Tamaulipas, una espécimen política que no conocía la derrota, invencible era su segundo nombre pero todo tiene un fin y un nuevo comienzo.

Hoy retumban en la mente de unos 500 mil priístas tamaulipecos los nombres de: Miguel Manzur Nader, Luis Enrique Arreola Vidal, Sergio Guajardo, Óscar Luebbert Gutiérrez, Roberto González Barba, Alejandro Guevara y otro; de todos estos más de tres no traen nada en el morral, ni para pelear o exigir una dirección municipal en Aldama, Tampico, Ciudad Victoria o Matamoros, que fueron los municipios más importantes que ganaron en la pasada contienda electoral, pero así es la nueva etapa tricolor en donde el que tenga animo de pegar de gritos y tirar de patadas, es considerado como aspirante a ser el nuevo guía del Comité Directivo Estatal.

De los arriba mencionados, Guajardo y Lubbert, son los más calientitos y adelantados, al grado que anduvieron pidiendo firmas a su militancia a través de sus enviados, incluso extorsionaron a sus agremiados diciéndoles que debían firmar pues tienen o han tenido trabajo, pero la noche del martes el “niño rebelde” de Ciudad Mante, Alejandro Guevara Cobos, solicitó licencia para separarse del cargo como Diputado Federal de la actual legislatura, Guevara, fue Jefe de giras del Presidente Peña Nieto, se dice que es prácticamente el nuevo líder del PRI en Tamaulipas, aún y cuando apenas el próximo 12 de agosto se viene la XXII Asamblea Nacional del PRI, que servirá para revisión de los Estatutos, con miras al 2018 y aquí se podría aclarar un poco quién pudiera ser el elegido para enfermarse al Peje y Los Otros, sin embargo esta es otra rareza tricolor de la que luego hablaremos.

Por hoy,  Tamaulipas y sus hijos priístas están envueltos en dudas, viven inciertos y algunos siguen irritados, pues los tiempos que ahora manejan no los conocían, no saben cómo actuar, qué decir ni que hacer, mientras aquellos, los adelantaditos pudieran estar clavando su propia tumba.