ESPECIAL / LA RED DE ALTAMIRA
MATAMOROS.- Mientras los albañiles se afanan en la construcción de un monumento en honor a Catarino Erasmo Garza, un revolucionario matamorense y figura emblemática para el presidente Andrés Manuel López Obrador, la vida de muchos habitantes de Matamoros se ve marcada por la cruda realidad económica y los serios problemas de salud. Entre ellos se encuentra la señora Manuela González, quien se encuentra en una situación desesperante mientras pide limosna para ayudar a costear el tratamiento de su hija de 17 años, que necesita un trasplante de riñón urgente.
Situada al pie del monumento, la señora González comparte su angustia. Con voz entrecortada, relata que su hija, que ha estado en el Hospital General de Matamoros, tuvo que ser retirada debido a la falta de recursos y a la ineficiencia del sistema de salud local. “No tiene medicamentos, muy pocas máquinas para diálisis y una larga espera”, dice, haciendo eco del sufrimiento de muchas familias que enfrentan problemas similares.
Actualmente, su hija se está atendiendo en una clínica particular, donde cada sesión de hemodiálisis cuesta 2 mil pesos y requieren tres por semana. “Por eso estoy aquí, pidiendo ayuda a las personas que cruzan el puente nuevo”, añade. Su clamor es una representación palpable de la lucha diaria de muchos ciudadanos que, ante el desinterés de las autoridades, deben recurrir a la caridad pública para sobrevivir.
Al ser interrogada sobre el monumento en construcción, una obra que simboliza el legado de Garza, la señora González no puede evitar expresar su frustración: “Ese dinero mejor se lo deberían destinar a los hospitales. No ven cómo estamos sufriendo por las carencias que hay”. Su queja se suma a un coro creciente de voces que cuestionan las prioridades del gobierno: ¿es más importante erigir un monumento que asegurar que los hospitales tengan los recursos necesarios para atender a los enfermos?
La situación se agrava aún más cuando la señora González comparte su experiencia con el Sistema para el Desarrollo Integral de la Familia (DIF) en Matamoros, donde solicitó asistencia y le dijeron que no había recursos disponibles, instándola a esperar a la próxima administración. Esta falta de apoyo gubernamental resuena con la historia de muchas familias que luchan contra un sistema que parece no entender la urgencia de sus necesidades.
La construcción del monumento a Catarino Erasmo Garza implica también decisiones que han generado controversia, como el corte de un frondoso árbol de más de 30 años que estaba en el lugar. La vida de este árbol se ha convertido en un símbolo de lo que se sacrifica en nombre de proyectos que, aunque con buenas intenciones, pueden no ser la solución a las verdaderas carencias de la población.
Finalmente, es interesante notar que muchos transeúntes que pasan por el lugar desconocen la figura de Catarino Erasmo Garza. Algunos incluso confunden su nombre con el de un cantante de un popular programa de televisión, lo que resalta la desconexión entre el legado histórico y la memoria colectiva de la sociedad actual.
A medida que se aproxima la inauguración del monumento, programada para el 24 de septiembre, junto con la presidenta electa Claudia Sheinbaum Pardo, queda claro que la tarea de recordar y honrar a quienes lucharon por un mejor futuro no debe ir en detrimento del presente de quienes siguen padeciendo la falta de atención y recursos sanitarios.
