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Mario Vargasuárez
“De acá de este lado…”
“Nací en la frontera de acá de este lado, de acá de este lado puro mexicano, pero más
que gente me juzgue texano… Yo les aseguro que soy mexicano, de acá de este lado.”
Esta es introducción musical de una de las canciones de Pepe Guízar, cuyo nombre
completo fue José Guízar Morfín, autor de esta muy sentida canción mexicana. Compositor
nacido en la capital de Jalisco (1912) popular por sus canciones rancheras, sones y boleros
incluyendo la popular “Guadalajara”, “Sin ti” o el “Mariachi” de tal suerte que la crítica le
otorgó el título del “Pintor Musical de México”, por su excelente tino para retratar las
costumbres y geografía del país.
En un estudio sociológico sobre las raíces demográficas de los estadounidenses, se
estima son aproximadamente 40 millones de mexicanos, según una publicación de EL
Tiempo, donde se analizan las estadísticas por categorías, empleos, estados de donde
provienen, etc.
Lo extraordinario es la ideología de esos 40 millones de mexicanos con raíces hasta
de tres generaciones atrás con origen azteca y se calculan 11 millones los que en una
primera generación llegaron con los vecinos norteños.
Es de llamar la atención la gran diferencia ideológica entre los mexicanos radicados
en territorio norteamericano (legales o ilegales) y los nacionales con residencia “De acá de
este lado” a quienes se señala que ‘todavía no tiramos el nopal’.
Solo para tener una idea sobre el cambio de mentalidad, la mayoría de los mexicanos
“De acá de este lado” estamos en desacuerdo con la política del presidente norteamericano
Donald Trump en relación a la migración ilegal, los aranceles impuestos a México, el
despotismo antimexicano y las amenazas y menos cabo a cualquier significado azteca, so
pretexto del narcotráfico.
Los norteamericanos con residencia o ciudadanía, aunque también los de estancia
ilegal -ya porque ‘brincaron’ como mojados o con visa de turista y nunca regresaron- en
una inmensa mayoría votaron por la política del neoyorkino Trump, pese a que se ha visto
en la televisión internacional sobre la persecución -casi convertida en cacería humana-
sobre los inmigrantes.
En un concierto de Dua Lipa en la CDMX hubo una intensa crítica a Bu Cuarón,
quien en su debut, recibió el abucheo de la audiencia porque los asistentes la acusaron
de nepotismo y cuestionaron severamente su identidad nacional debido a su acento al
hablar español.
El escenario fue el Estadio GNP y la detonación se dio cuando la joven subió al
escenario y los miles de asistentes y observadores señalaron que su inclusión en uno de los
eventos más importantes del año respondió a la influencia de su padre, el aclamado
cineasta Alfonso Cuarón, y no a méritos propios o a una trayectoria consolidada.
El argumento del público es que existen numerosos artistas locales emergentes con
mayor recorrido artístico que merecían esa plataforma, la que fue ocupada por alguien con
acceso privilegiado a la industria, por lo que el rechazo se limitó a acusaciones de
influyentismo y falta de “cariño por el país”.
Lo que el público asistente al evento musical ignoró -falla de los publicistas- es que
su acento y manejo del idioma evidenciaron una realidad multicultural que chocó con las
expectativas de los fans locales, pues la artista Bu Cuarón es nacida en Londres, Inglaterra,
en 2003, lo que le otorgó la nacionalidad británica de origen, y que su crianza no ocurrió en
territorio mexicano, porque su formación se dio entre el Reino Unido, Italia, país de su
madre Annalisa Bugliani y los sets de filmación internacionales de su padre.
Pese a las vivencias de sus 22 años, la hija del galardonado director de cine, Alfonso
Cuarón, se sabe siempre mantuvo un vínculo cultural con México y por ley, heredó la
nacionalidad de su padre, aunque su entorno cotidiano es el inglés y el italiano. El español
lo adquirió en un contexto doméstico, lo que explicó la cadencia extranjera que irritó a un
sector del público.
Finalmente, “Acá de este lado…” canción clásica mexicana compuesta por Pepe
Guízar y el comportamiento del público con Bu Cuarón se impone con un ¿falso?
nacionalismo mexicano que choca con las buenas costumbres de amistad, afecto.
La escritura de la presente opinión trae a mi memoria aquél reconocimiento a un
matemático mexicano, alto funcionario de Educación Pública en varios sexenios, oriundo
de la capital tamaulipeca, avecindado en Tampico y por más años en la CDMX, que cuando
se devela la escultura de su busto, su hijo mayor declara a la prensa “Es la primera vez que
estamos en Tamaulipas y reconocemos la tierra que le dio vida a mi padre”.
