Médicos imprudentes destrozan a una familia y se sienten intocables
Lo que debió ser una cirugía para mejorar su calidad de vida se convirtió en una ejecución por negligencia. Diego Armando Alejandre Galindo, un padre amoroso y esposo ejemplar de 38 años, falleció en condiciones inhumanas tras ponerse en las manos de los doctores Mario Alberto Padrón Turrubiates y Pedro González Estrada en el hospital Médica Salve de Tampico.
Daniel Olvera / LA RED DE ALTAMIRA
CIUDAD MADERO, TAMAULIPAS. – Lo que debió ser una cirugía para mejorar su calidad de vida se convirtió en una ejecución por negligencia. Diego Armando Alejandre Galindo, un padre amoroso y esposo ejemplar de 38 años, falleció en condiciones inhumanas tras ponerse en las manos de los doctores Mario Alberto Padrón Turrubiates y Pedro González Estrada en el hospital Médica Salve de Tampico.
Hoy, su viuda, Juana Berenice Sánchez, llora no solo la ausencia del hombre que trabajó siete años en el extranjero para sacar adelante a sus dos hijos, sino la impunidad de quienes, con el bisturí en la mano, cometieron errores de principiante.

UNA CIRUGÍA DE TERROR: LO DEJARON PODRIRSE POR DENTRO
La pesadilla comenzó con una cirugía de anastomosis. Los médicos Padrón Turrubiates y González Estrada —uno de ellos de 80 años— cortaron parte del intestino de Diego, pero en un acto de imprudencia criminal, no le realizaron la colostomía necesaria para que el cuerpo desechara la materia fecal mientras la herida cicatrizaba.
El resultado fue catastrófico. Al día siguiente, Diego ardía en fiebre. Pese a las advertencias de las propias enfermeras, los doctores, en un acto de total desprecio por la vida, lo dieron de alta. Ya en casa, el horror se materializó: Diego comenzó con vómito fecaloide. Sí, la materia fecal ya recorría su cuerpo por donde no debía.
”NO PASA NADA”: LA SOBERBIA QUE COSTÓ UNA VIDA
Al regresar de urgencia a Médica Salve con el estómago inflamado de forma impresionante, la respuesta de los médicos fue la indolencia absoluta. “No pasa nada”, dijeron, mientras dejaban pasar dos días vitales que pudieron salvarle la vida.
Desesperada, Berenice tuvo que trasladar a su esposo al Hospital Cemain en un vehículo particular, ya que los médicos de Médica Salve ni siquiera cumplieron con los protocolos de traslado. Al abrirlo en el nuevo nosocomio, los cirujanos se toparon con una escena de terror: todos los órganos estaban contaminados por materia fecal. La sepsis ya era irreversible. Diego no resistió más.
PREPOTENCIA E IMPUNIDAD: SE SIENTEN INTOCABLES
A un año de la tragedia, la postura de los médicos y del hospital es de una frialdad que indigna. No solo se niegan a conciliar, sino que rechazan incluso devolver los 65 mil pesos de gastos médicos. Se sienten protegidos, blindados por una supuesta jerarquía que los pone por encima de la justicia.
Apoyada por la Lic. Elizabeth Tovar López, especialista en negligencia médica, la viuda de Diego Armando ha decidido romper el silencio. No descansará hasta que estos “profesionales” de la salud respondan legalmente y evitar que más familias tampiqueñas terminen destrozadas por la negligencia que impera en Médica Salve.
¿Cuántas vidas más deben perderse para que las autoridades de salud clausuren estos nichos de muerte y retiren las licencias a médicos que ya no están aptos para operar?
