Por Raúl Hernández Moreno
Cuando López Obrador era candidato y después de que ganó, repitió una y otra vez que sería uno de los mejores presidentes de la historia de México y que tendría un gabinete cono el de Benito Juárez. Como es un ignorante de la historia, desconoce que don Benito no tuvo un gabinete, sino muchos gabinetes a lo largo de sus 14 años al frente del gobierno –si no se hubiera muerto, habría estado tres años más en la presidencia y seguramente al terminar ese período habría buscado una nueva reelección y así al infinito y más allá-.
Don Benito tuvo 29 secretarios de hacienda, 25 de gobernación, 24 de relaciones exteriores y 16 de guerra y marina
En 20 meses de estar al frente del gobierno, a AMLO ya le han renunciado nueve funcionarios de primer nivel, entre ellos tres secretarios. Las renuncias no van a llegar al nivel de la época de don Benito, porque eran otros tiempos: los sueldos eran bajos, había decencia, decoro, dignidad etc.
Además, esas nueve renuncias no se han traducido en mejora para el gobierno. Son cambios hacía atrás.
En otro tema, empezó el show de Emilio Lozoya con el cual el gobierno federal busca mejorar su deteriorada imagen. Por lo pronto se adelanta que en una de sus primeras declaraciones, el ex director de Pemex reveló haber entregado más de 52 millones a legisladores del PAN a cambio de votar la reforma energética y que a Ricardo Anaya, ex candidato presidencial, le entrego 6.8 millones de pesos.
Todo este juicio de Lozoya será un éxito jurídico, político e histórico si además de llevar a la hoguera a políticos del PAN –esperemos que también se exhiba del PRI y demás partidos—se les enjuicia, se les obliga a regresar el dinero mal habido y se les castiga.
Es infantil pensar que a los políticos les incomoda que se les llame rateros, delincuentes, drogadictos, corruptos. A ellos eso les viene guango, mientras no se les obligue a regresar el dinero que se llevaron. Cuando se les toca el dinero, ahí sí les duele.
Y de muy poco le sirve a la ciudadanía un político encarcelado que recibe trato de rey, en una celda climatizada, con acceso a la tecnología, celulares, comida de restaurante, alcohol, mujeres, hombres, etc., si se le permite que goce del dinero mal habido.
Por lo pronto, el caso Lozoya se está utilizando para golpear al PAN, en tanto que al PRI no se le toca, y no se le toca porque no es rival para Morena en las elecciones del 2021. La competencia electoral es entre Morena y sus aliados, contra el PAN. No tiene caso preocuparse por el PRI que no representa ningún riesgo y en todas las encuestas aparece en tercer lugar, muy, pero muy, alejado del PAN y Morena. Al PRI no se le ve posibilidades de ganar en ninguna de las 15 gubernaturas que se van a jugar el próximo año.
Muy distinto será si el caso Lozoya alcanza a los ex presidentes Enrique Peña Nieto o Carlos Salinas, en cuyos casos el PRI se va a deslindar y dirá que si cometieron un delito fue a título individual, no como institución.
En fin, este sainete va para largo y ojalá que si sirva para castigar a los corruptos, sin importar de qué partido son.
