Raúl Hernández Moreno

El 10 de febrero del 2014, el Congreso de la Unión aprobó la reforma al artículo constitucional 89, fracción XVII, que faculta al Presidente de la República a optar por un gobierno de coalición con uno o varios partidos.

La vigencia de este artículo es a partir del 1 de diciembre de 2018, aunque aún no se reglamenta.

Textualmente  la fracción XVII del  artículo 89, que establece las facultades del Ejecutivo, dice lo siguiente: “En cualquier momento, optar por un gobierno de coalición con uno o varios de los partidos políticos representados en el Congreso de la Unión.

El gobierno de coalición se regulará por el convenio y el programa respectivos, los cuales deberán ser aprobados por mayoría de los miembros presentes de la Cámara de Senadores. El convenio establecerá las causas de la disolución del gobierno de coalición”.

Pero ¿qué es un  gobierno de coalición? Es cuando el partido ganador no obtiene la mayoría absoluta, como no sucede en México desde 1997,  y para garantizar la gobernabilidad, invita a miembros de uno o varios partidos, a que formen parte del gabinete. Sucede en muchos países, como en Francia, donde el Presidente es electo por el voto directo y el Ministro es nombrado por el Congreso.

Un gobierno de coalición  es diferente a una coalición de partidos, en donde lo que se busca es ganar la elección y ya después, cada quien decide lo que considere conveniente, Por lo regular el candidato gobierna con el partido al que pertenece.

En nuestro país vivimos una especie de gobierno de coalición cuando el Presidente Enrique Peña Nieto promovió el Pacto por México, entre el PRI, el PAN y el PRD, que se creó el 2 de diciembre de 2012 y permitió aprobar las siete reformas estructurales a la Constitución con las que se pretendía  transformar a la nación.

Cuando el ejecutivo no tiene mayoría en el Congreso, y encima no le gusta negociar, enfrenta dificultades para gobernar, como sucede en Nuevo León en donde por no tener un Congreso afín, el independiente Jaime Rodríguez actúa con desaciertos.

La elección del 2018 se va a decidir en  tercios. Quien  gane no tendrá mayoría absoluta y eso podría  dificultar gobernar, como le sucedió a Felipe Calderón quien al no tener  mayoría en el Congreso no sacó adelante las reformas legales que buscaba. Reformas que después el PRI presentó como propias durante el Pacto por México y se aprobaron.

Sería saludable que en el próximo sexenio veamos un gobierno de coalición, aunque de antemano se descarta que lo haga Andrés Manuel López Obrador. El es tempestuoso, le gusta el todo o el  nada.  No le  gusta compartir el poder y al contrario, imitaría a Nicolás Maduro y actuaría como tirano, como lo ha sido siempre.

Felipe Calderón  permitió en su gabinete a José Antonio Meade y después hizo lo propio, Enrique Peña Nieto. Sin militar en ningún partido, Meade ha actuado con responsabilidad en cada una de las tareas que se le han asignado. Eso es un ejemplo de que cuando el gobierno se abre a otras corrientes, a la sociedad, pueden darse buenos resultados.

Sería interesante ver un gobierno de coalición en el 2018. A la mejor es lo que México necesita para despegar.