Por Raúl Hernández Moreno
En los próximos meses los tamaulipecos vamos a ver una feroz y cerrada competencia entre el PAN y Morena, entre el gobierno del Estado y el Federal, con la mira puesta en las elecciones de junio de 2019.
Vamos a ver un incremento en la entrega de apoyos sociales a los grupos más desprotegidos, desde becas, despensas, recursos económicos para las madres solteras, para los viejitos, afiliaciones al Seguro Popular, becas deportivas, provenientes de programas estatales y federales.
Estará en disputa la integración del próximo Congreso. El PAN busca retener la mayoría de curules, lo que le facilitaría al gobierno administrar el presupuesto y gobernar la entidad, mientras que Morena quiere ampliar el número de Congresos que controla, 18 hasta el momento.
Será una competencia en la que los tamaulipecos socialmente más desprotegidos serán los beneficiados.
El PAN se lució en las elecciones del 2016 y 2018, donde obtuvo una mayoría bastante holgada en alcaldías y diputaciones locales. Si bien es cierto que en el 2018 perdió las senadurías y la mayoría de las diputaciones, en cambio retuvo y amplió el número de alcaldías, con lo cual afianzó su gobernabilidad.
Por su parte, Morena tuvo un crecimiento espectacular, tomando en cuenta que oficialmente nació en el 2014. La mala noticia para los morenistas es que si en el 2018, el nombre de Andrés Manuel en las boletas les acarreo votos, incluso a los candidatos que no hicieron campaña, para el 2019 ya no va a figurar en las boletas y eso obligara a sus abanderados a trabajar con mayor empeño.
No va a ser fácil la campaña, ni para el PAN ni para Morena y si bien el primero tiene ventajas a su favor, tendrá que postular candidatos con arraigo entre la militancia y de ser posible entre la ciudadanía, además de muy buena imagen pública, respaldados en el trabajo del gobierno estatal y en los municipios.
Para Morena, el desempeño del gobierno federal puede ayudarle o perjudicarle, en función de la percepción ciudadana.
Cuando inició su administración Peña Nieto, con sus 19 millones de voto, su imagen ayudó al PRI a ganar en los Estados, pero conforme se deterioró su gobierno, se convirtió en el peor aliado de los candidatos priistas.
A propósito, Sergio Guajardo se despidió a través de las redes sociales, de sus amigos y colaboradores, y le deseo suerte a quien será su relevo, a partir de este viernes, Yahleel Abdala.
Y pensar que meses atrás Yahleel se opuso a que Jaime Emilio Gutiérrez fuese dirigente local del PRI, de quien dijo que era un perdedor.
Si de las derrotas se obtiene experiencia, en el PRI cada vez suman más y más doctorados, con tanta derrota seguida.
Para su mala suerte, la nueva lideresa no tiene nada para negociar o presionar a sus correligionarios de partido. Ya no es como cuando el PRI era gobierno, en que se pactaba con los grupos ofreciendo chambas o amenazando con quitar cargos. La soberbia se tiene que hacer a un lado.
