Por José Dosal Hernández
AMÉRICO Y YO…
El juego perverso de su equipo
Majestuoso luce Palacio de Gobierno frente al elegante y distinguió teatro Amalia G. de Castillo Ledon, orgullo victorense.
Tantas y tantas historias que han marcado Tamaulipas se han tejido en las entrañas de Palacio, unas buenas, unas malas y otras peores.
Hay quienes hacen mucho, otros hace poco, otros de plano no saben qué hacer, todos los Gobernadores son diferentes.
Unos son enérgicos, otros tolerantes, pero pocas veces tibios, a estos se les llama humanistas.
La historia no miente.
Le pedí al chófer del Uber me dejara en el 15 Juárez, “Cuánto es”, pregunté
60 pesos.
‘Porque tan caro”?
“Porque está nublado y va a llover”.
“Uta cab… hasta meteorólogo saliste guey”.
“Mi abuela era bruja”, y se marchó.
Me encaminé hacía el centro de la plaza buscando una banca para descansar un poco.
Por no dejar me asome por una de las ventanas de Palacio.
Ahí estaban los ‘Tachos’, “Los Carmonizados”, “Los Cuellar” y “Los Geños”, alrededor de un pastel con una vela en forma de 4T, parecían gatos en bote de basura, tragaban pedazos de pastel con tanta desesperación, parecían pelones de hospicio (sin agraviar).
Seguí caminando pero mire hacia el café de los chinos y ahí estaba “Ameriquin” y “Batarcin” viendo a Palacio, como esperando audiencia.
Ya no eran los chicos del momento, ahora son “Los Geños”.
Los junniors perdieron todo, hasta les quitaron el PVEM.
Me senté en la banca viendo rumbo a Relaciones Exteriores, en eso iba pasando la caravana del Gobernador Américo Villarreal Anaya.
Si noté que una suburban blanca se detuvo un momento pero no vi quién bajo de ella.
De pronto sentí que alguien se sentó a mi lado derecho.
“No manches (dijo mi nieto), es el mandatario”.
Me saludo.
“Buen día”.
“Buen día señor Gobernador”.
“Como está mi Gobernador”.
Bien.
Su guayabera guinda lucía impecable
Sus zapatos lustrados.
Cruzó elegantemente la pierna derecha sobre la izquierda.
“Como van las cosas”, pregunté.
“Bien, Excelentes’.
“Está más tranquilo el Estado”.
“Nunca ha estado tranquilo, desde Eugenio se descompuso todo y pues ahora nos toca apaciguarlo”.
“pues si”, acepté.
Era 14 de Febrero, fecha del natalicio de Rodolfo Torre Cantú, su jefe cuándo ambos estuvieron en la Secretaría de Salud (ambos Doctores, siempre son demasiado buenos para la política), a la mejor le ganó la nostalgia por eso buscó descansar un momento en la banca, antes de llegar a Sodoma y Gomorra, digo, su oficina.
Parejas pasaban con regalos alusivos al día del amor y la amistad, saludaban al doctor con mucho agradó y respeto.
Sus escoltas vigilaban todo movimiento.
“Como ve las elecciones,”.
“Bien, mis asesores están trabajando al 100 todo lo tienen fríamente calculado’. Sonríe levemente, frase célebre del Chapulín colorado.
“Con el equipó geñista reforzamos todo y vamos por todo, vamos acabar con los cabecistas y sus Vacas Locas”.
Uta, pasé saliva. Ya me cargo el payaso.
Se me queda viendo y me cuestiona.
“Pareces periodista ¿en que trabajas?
“Soy reportero”, empecé a sudar frío.
“Nomas no salgas con que eres de las “Vacas Locas” o de la Lista Negra?
….pues si”.
¿Por qué me odias tanto, según mis asesores eres amigo de Cabeza de Vaca y te paga muy bien”.
“Ninguna de las tres cosas”.
“Le echaron mentiras”.
“Confío en mi equipo’.
“Pero ya los Geños hacen planes para la siguiente gubernatura”.
“No te creo, él tiene palabra, no traiciona”.
Voltea a Palacio y observa la cena de negros, el perverso de Gamundi iba llegando, por su pedazo de pastel, otra vez están en la jugada.
“Todos trabajan en armonía, me son fieles, somos una gran familia”.
“Uta, pues dígale al elevadorista que ya no le pegué”. Pensé en voz alta.
“Mandé, que dijiste? Me cuestiono.
“Nada mi Gober, pensaba en voz alta mi gober”.
Se pone de pie, “bueno me voy”.
Por segundos se queda viendo a Palacio, una mueca decepcionante aparece en su cara, voltea a ver la alcaldía; después al teatro…
Coloca sus manos en la cintura y adopta posición militar de descanso, respira profundamente, me mira, “Pues a darle, ya que, es lo que hay,”.
Por la ventana observa su gabinete.
“Pinches judas”, dice entré dientes.
Mandé?
“No nada, no es contigo”, me aclara.
Y me explica.
“Al menos tu y yo somos adversarios y eso lo respeto, pero esos cabrones se dicen mis amigos y me dan de puñaladas cada que pueden, míralos todos hambrientos”.
Iba a contarle que a mi hicieron lo mismo, pero …
Viejo, viejo, me movió bruscamente mi mujer, despierta es día de San Valentín y tu ni un pinche pastel (siempre cariñosa) me compraste, está bien que tu estas diabético, pero yo no …
De perdido del que presumes te dan en la oficina cuando te mandan todo loco porque se te sube la azúcar.
