Francisco Ramos Aguirre
La capital tamaulipeca como todos los pueblos, villas y ciudades del mundo tienen
sus propias historias relacionadas con acontecimientos curiosos, insólitos o
extraordinarios. La mayoría corresponden a fenómenos de la naturaleza; otros se refieren
a eventuales ocurrencias de personajes, leyendas, sucesos fantásticos, accidentes
increíbles, leyes exóticas y hechos inverosímiles. Por supuesto sin descartar los de carácter
misterioso, propios de la literatura de ficción
En el caso de Ciudad Victoria, algunas forman parte del imaginario colectivo. Cómo
muestra, es posible localizarlos en numerosos registros en publicaciones y documentos de
siglos pasados. Algunos de ellos son amenos, asombrosos, divertidos y propios para la
lectura rápida. Con el fin de recordar algunos de ellos, presentamos una breve
recopilación propia de la crónica inédita de nuestra localidad. La principal fuente de
consulta fueron los periódicos, donde aparecen redactados en breves noticias.
Estalló un aerolito. La noticia apareció en 1889 en el periódico El Tamaulipeco de Victoria;
y la reprodujo el periódico Municipio Libre de la capital del país el 17 de agosto mismo
año. “El día 8 del actual entre 9 y 10 de la noche, pasó por aquella capital uno de esos
fenómenos meteorológicos que los astrónomos llaman bólidos, regalando a los vecinos
con su efímera luz más luciente que a luna. Llevaba dirección sudoeste, y, después de diez
segundos de camino, estalló produciendo un ruido análogo al de un cañonazo.”
Martes ni te cases ni te embarques. La boda entre los cantantes Bob Dylan y Joan Báez
ambos de 85 años de edad, fue una sorpresa para todo el mundo. Algo similar sucedió en
Ciudad Victoria en octubre de 1955, cuando dos empleados de gobierno del estado
decidieron unir sus vidas. La boda otoñal de Demetrio un viudo de 69 años y Soledad de
50 años de edad, decidieron casarse el segundo martes de octubre de ese año. Sin
embargo, al llegar esa fecha el novio decidió suspender la ceremonia y dijo al juez “…me
caso mañana porque hoy es martes y es día de malas contingencias. Y por eso será hasta
mañana la boda.”
El novio, menciona la noticia del Heraldo de Victoria, que a pesar de sus canas don
Demetrio es un hombre jovial y hace honor al dicho aquel “Las tardes son más alegres que
las mañanas…pues no obstante sus casi setenta años se ve fuerte.” Agrega el novio que no
tenía apresuramiento por la boda “…no sea que se crezca el río y no me pueda casar, así
me caso mañana para irme a mi rancho antes de que le baje más el agua al río.” Una vez
legalizada la unión, el festejo al que invitó a sus compañeros se realizó con una barbacoa
en el Ejido Joya Verde pasando el Río San Marcos por el camino a Jaumave.
Esquelas Matrimoniales. Anuncio humorístico de la Imprenta Regional que aparece en el
periódico bisemanal El Jicote de Ciudad Victoria en 1930. El término esquela se asigna a
un aviso mortuorio o fallecimiento de una persona.
Serenatas de Cerdos. Durante el siglo XIX y principios del XX, debido a los extensos solares
sin bardas o cercas, era muy común en Ciudad Victoria la presencia de cerdos que
recorrían las calles empedradas y terracería sin control sanitario. En vista de los desmanes,
desorden y ruido que ocasionaban, continuamente se quejaban los vecinos sin que las
autoridades municipales atendieran el problema.
El asunto llegó al periódico La Patria que en su edición del 8 de abril de 1885
recoge la siguiente inquietud ciudadana. “Los vecinos de Ciudad Victoria se quejan de las
continuas serenatas que les dan las más de las noches, numerosas piaras de cerdos por las
calles principales. ¿Por qué no hay policía en Ciudad Victoria?
Morir Bailando. Cosas impredecibles del destino. Una noche de pasión desmedida, murió
de un paro cardiaco fulminante el joven Erasmo García vecino de Ciudad Victoria,
mientras bailaba emocionado con una bella dama al compás de un moderno vals. Se
infiere que lo hacía pegadito a ella, como dice El Piporro ojo con ojo, oreja con oreja y
aliento con aliento. El lamentable deceso ocurrió en una residencia -ignoramos de buena
o mala reputación- ubicada en la calle Matamoros. Así lo pregonan las páginas de El Diario
del Hogar del 24 de agosto de 1888.
A barrer las calles. En 1881 no existían tantas calles como actualmente, pero desde
entonces sus habitantes fieles a la tradición provinciana, cada mañana regaban y barrían
las banquetas para mantenerlas limpias. Como parte de las sanciones a quienes cometían
faltas administrativas menores, el cabildo aprobó que se impusiera cómo multa realizar el
barrido de las calles del primer cuadro de la ciudad. El alcalde de aquella época decidió
que se aplicara el castigo sin consideración alguna a todas las clases sociales. Dice el
periódico La Patria “Tan templado es ese alcalde, que ha puesto a barrer las calles a
personas de alguna representación social en castigo de sus faltas y con absoluta igualdad a
los delincuentes del pueblo.”
Vale recordar que en enero de ese año cayeron fuertes nevadas y muchos
victorenses perdieron sus vidas y cosechas; lo mismo Gustavo Levy contribuyó al tendido
de las líneas telegráficas entre Victoria y Monterrey. Para entonces, el censo poblacional
contabilizaba 6 mil habitantes.
Venganza a la Tamaulipeca. Existen numerosos casos sobre la postura política y odio de
los liberales victorenses y Tamaulipas hacia los presbíteros durante el siglo XIX, con motivo
de las Leyes de Reforma. Una de ellas se manifiesta en abril de 1856 en el periódico El
Tamaulipeco de Tampico, sobre lo que sucedería a un cura que mandó asesinar a un
interventor de los bienes eclesiásticos. Fíjese nada más: “Nosotros, los tamaulipecos, lo
haríamos freír en aceite, y puesto en escabeche, lo guardaríamos cómo conserva.”
La Carroza de la Muerte. A principios del siglo XX los victorenses afrontaron varias
epidemias de viruela, fiebre amarilla, gripe y otros. La muerte tenía permiso de transitar
por los callejones y era común observar carretas y carrozas trasladando cadáveres al
cementerio municipal. Dice el periódico La Opinión, (Ciudad Victoria 20 de diciembre de
1919) dirigido por Manuel Soto Flores que una mañana los transeúntes observaron una
escena macabra: “En días pasados y por toda la calle Juárez iba la carroza de tercera clase,
conduciendo dos cadáveres que traía del Hospital, los cuales se colocaron uno encima del
otro, el cadáver de arriba se encontraba completamente descubierto causando esto muy
mala impresión.” No especifica si era hombre o mujer.
Gobierno Pobre. Ejemplo de austeridad republicana, las autoridades del gobierno de
Tamaulipas con sede en Victoria, decidieron rendir homenaje algunos sobrevivientes –
jefes y tropa entre ellos Jesús Dozal y Manuel Torres- de la Batalla de Santa Gertrudis
celebrada el 16 de junio de 1869 en Camargo, Tamaulipas en defensa de la República. Para
ello se mandó acuñar una medalla conmemorativa adornada con un listón tricolor que los
mismos acreedores pagaron de su bolsa. (Periódico El Chisme/México, D.F., septiembre 20
de 1889.)
Médico Eléctrico. En agosto de 1880 llegó a la capital tamaulipeca el doctor Lonifils, quien
causó enorme furor entre los habitantes y enfermos. Se ostentaba como un famoso
Médico Eléctrico y ofreció consulta durante varios días. “¿Será otro Merolico?” pregunta
el redactor del periódico La Libertad, quien probablemente ignoraba que la electro
