columna, saludos
Juan Antonio Montoya Báez
Paz en la tormenta
La política no se detiene; las recomendaciones, asesorías y peticiones fluyen de manera constante. El miércoles fue el día en que la política pareció congelarse momentáneamente en Sonora y Tamaulipas, justo cuando el misil mediático se estrelló en Palacio Nacional y la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo acusó de recibido.
Sin embargo, las actividades prosiguieron. Con la espada en la mano, los actores caminan recelosos y alertas, pues nadie sabe a ciencia cierta por dónde llegará el próximo ataque.
Américo Villarreal Anaya contestó rápido a las acusaciones: rechazó el supuesto retiro de visas y exigió pruebas contundentes de los señalamientos presentados.
No es fácil digerir una publicación de Los Angeles Times que impacte de tal forma en el país, vinculando al gobernador de Sonora, Alfonso Durazo Montaño, con presuntas investigaciones de cárteles delictivos, y al de Tamaulipas, Américo Villarreal, con temas de huachicol fiscal por parte de autoridades estadounidenses.
Aunque en ambos estados las versiones fueron desmentidas categóricamente, el ambiente quedó tenso; nadie se atrevería a intentar cruzar a los Estados Unidos en un momento en que la situación se encuentra más caliente que nunca.
Pese al ruido, los señalados prefirieron dar continuidad a sus agendas, evitando parálisis institucionales y dejando en claro que la gobernabilidad está fuerte, la movilidad continúa y las decisiones no se detienen. Los asuntos públicos en Tamaulipas cuentan con un engranaje que no pierde el rumbo; las determinaciones políticas, financieras y sociales prosiguen sin trabas.
Por ello, tras brindar su posicionamiento, el gobernador Américo Villarreal Anaya prefirió viajar al municipio de Antiguo Morelos acompañado de su esposa, la presidenta del Sistema DIF Tamaulipas, la doctora María de Villarreal, para poner en marcha la brigada “Transformando Familias”.
Ese mismo miércoles vimos, cerca de las cuatro de la tarde, a uno de sus colaboradores clave, quien se dio un espacio en el día más apretado de su agenda. Si la dinámica diaria ya es complicada en condiciones normales, lo fue aún más en la jornada en que Tamaulipas se sacudió momentáneamente. Acompañado de sus colaboradores cercanos, hizo una pausa para cumplir con una de las tareas más importantes de su vida cotidiana. Atrás quedaron el ajetreo de la oficina y las presiones desatadas por la tormenta mediática.
Este personaje llegó al inicio del sexenio sin su familia; de lunes a viernes cumplía con su labor institucional y pasaba los fines de semana en Matamoros. En cierta manera era un sacrificio que puso en la balanza, aunque era director, se encontraba lejos de una subsecretaría o de la propia Secretaría de Finanzas, entonces en manos de Adriana Lozano Rodríguez, quien operaba con un estilo centralizado y terminó saliendo en medio de cuestionamientos velados, siendo relevada temporalmente por Jesús Lavín Verástegui.
El destino se mueve como las velas en el mar; por ello también se registró en su momento la salida de un subsecretario de egresos en medio de rumores por presuntos asuntos de corrupción y cobros de comisiones a proveedores, una situación que jamás se aclaró.
Al arribar a esa poderosa posición en Finanzas, algo que tal vez ni esperaba, comenzó a limpiar la casa de inmediato. Cabe recordar que Jesús Lavín abandonó la dependencia no por irregularidades, sino por cuestiones estrictas de salud. Fue así como los vientos cambiaron de dirección y abrieron paso a aquel matamorense que combatía su soledad fumando en exceso: Carlos Irán Ramírez González.
Hoy, convertido en el tesorero y secretario del estado, ya cuenta con el cobijo de su familia. El miércoles, en medio de la tormenta política, se dio el tiempo para pasar por su hijo a la escuela. Se estacionó en la acera de enfrente, bajó de la camioneta blindada y se dirigió como cualquier mortal a la puerta principal; preguntó por su niño, quien ajeno a la relevancia del cargo público, solo ve a su papá, que lo consiente y le da un beso en la frente. Los niños no mienten y el amor paternal se prodiga sin dobles discursos.
Siempre hay paz en la tormenta. Américo la encontró junto a su María en Antiguo Morelos; su secretario de Finanzas, Carlos Irán Ramírez González, en la mano de su hijo. Los temas de las visas quedaron en el aire, pero Ramírez González se consolida como uno de los mejores perfiles emergentes del gabinete, tanto que ya lo proyectan como una carta fuerte para buscar la alcaldía de Matamoros ante el desgaste moral del alcalde Beto Granados, quien arrastra el escándalo de su situación migratoria en la mira de Estados Unidos.
Bueno, por hoy es todo.
Adiós y aguas con los patinazos…
