Juan Antonio Montoya Báez
El reacomodo de las calabazas naranjas y azules
Cuando abandonó al partido Movimiento Ciudadano tras desplegar una de las precampañas más intensas y costosas por el municipio —que incluyó un desembolso millonario y, muy probablemente, algunas jugosas aportaciones a las dirigencias nacional o estatal del partido—, muchos lo tacharon de cometer una torpeza monumental.
Las voces más duras del mundillo político desataron ataques de carácter personal en redes sociales para intentar minimizarlo, acusándolo de haber tirado su dinero a la basura tras rotular al menos un centenar de bardas de color naranja fosforescente con su nombre. Lo que los genios de la estrategia digital no supieron medir es que el color era lo de menos; lo que se posicionaba con fuerza era su propia marca. Hoy en día, el nombre de Juanjo Salazar es uno de los más conocidos en la capital.
Es indudable que el empresario buscaba la candidatura a la alcaldía por el partido naranja, pero exigía el combo completo: deseaba confeccionar su propia planilla, seleccionando personalmente a sus síndicos y regidores. Sin embargo, la cúpula emecista le cerró el paso de golpe; únicamente le permitirían encabezar la boleta, mientras que el resto de las posiciones, el manejo financiero y los hilos de la campaña quedarían en manos de la dirigencia.
En otras palabras, su futuro dependería única y exclusivamente del dueño de la franquicia en el estado, Gustavo Adolfo Cárdenas Gutiérrez. Pese a que existía un acuerdo previo con el jerarca nacional de MC, el expriista Dante Delgado —quien le impuso condiciones económicas que el aspirante aceptó sin chistar—, al final le jugaron la vuelta y le arrebataron el control de su estructura.
Esa traición lo llevó a romper con el partido en una decisión sumamente controvertida. La realidad, fría y aplastante, es que Movimiento Ciudadano cuenta con un voto duro en Victoria que ronda los 12 mil sufragios. Con la figura de Juan José Salazar, las preferencias habían crecido al grado de contemplar una elección a tercios, abriendo la oportunidad más real en la historia del partido para disputar la plaza.
No obstante, la posibilidad seguía luciendo lejana: los naranjas en el estado se niegan a crecer y prefieren ver cada proceso electoral como un negocio redondo, manteniéndose cómodamente maniatados a los intereses que les dictan desde la Secretaría General de Gobierno. Fingen que luchan, pero solo cobran.
El lunes 14 de septiembre, una imagen sacudió los corrillos políticos victorenses. Juanjo Salazar apareció públicamente en una fotografía junto al también empresario Jorge “Tico” García —quien a su vez dejó atrás cualquier posibilidad con Morena tras los desaires del proceso pasado— flanqueados por la plana mayor del Partido Acción Nacional (PAN): la dirigente estatal, Gloria Elena Garza Jiménez, y el secretario general, el diputado federal César Augusto “El Truko” Verástegui Ostos. El mensaje fue contundente: ambos personajes se perfilan formalmente como los nuevos abanderados del PAN para la alcaldía y las diputaciones de la capital, aunque las calabazas todavía se están acomodando en la mesa de negociación para definir el orden de las posiciones.
El PAN es una marca sumamente fuerte en Ciudad Victoria. En la pasada contienda electoral estuvieron a punto de retener el ayuntamiento en una elección de infarto donde Óscar Almaraz Smer apenas perdió por unos mil votos frente al actual alcalde Eduardo “Lalo” Gattás Báez. Desgraciadamente, la repentina partida física de Almaraz Smer alteró los planes del panismo rumbo al 2027; de lo contrario, el panorama estaría resuelto.
Con este nuevo movimiento, Juanjo y “Tico” demuestran que no tienen un pelo de tontos: llegan a cobijarse bajo un voto duro albiazul que ronda los 45 mil sufragios en la capital, inyectándole a su vez vitalidad y presencia territorial a la marca opositora.
Ambos llevan años en campaña permanente. “Tico” García tapizó la ciudad con espectaculares y se ha metido a las colonias y ejidos ofreciendo jornadas gratuitas de limpieza y desinfección a través de su empresa Mesil. Por su parte, Juanjo Salazar se dedicó a construir una sólida base social repartiendo tinacos, latas de pintura, sillas de ruedas y apoyos directos. La pregunta queda en el aire: ¿quién perdió y quién ganó realmente con esta desbandada de cuadros hacia el bando azul?
Para cerrar el espacio, de una vez lanzamos un aviso oportuno: pronto vamos a desenmascarar con nombres y apellidos a los verdaderos autores de la feroz campaña de desprestigio orquestada en contra de diversos empresarios locales.
Les dejo un adelanto: los reflectores apuntan directamente hacia Ricardo Azael Casanova Ramírez y Martín Flores, de la firma Maniflosa. Ellos han iniciado una agresiva estrategia mediática para intentar desviar la atención sobre lo que ya es un secreto a voces en los pasillos judiciales: la Fiscalía Especializada en Combate a la Corrupción les acaba de abrir la carpeta de investigación 175/2026 por delitos como cohecho, enriquecimiento ilícito y la simulación de millonarios contratos con la Secretaría de Seguridad Pública (SSP) mediante una sofisticada red de empresas fachada utilizada para saquear el erario.
Lo peor de la trama es que, tras bambalinas, se asoma la sombra protectora de ese personaje que insiste públicamente en que no hay ningún expediente abierto en contra del exgobernador García Cabeza de Vaca. Ya daremos los detalles.
Bueno, por hoy es todo.
Adiós y aguas con los patinazos…
