Juan Antonio Montoya Báez
El saqueo del recinto ferial
Vaya descomunal descobijada la que sufrieron los pabellones de la Feria Tamaulipas 2026 tras confirmarse que fueron blanco de un saqueo generalizado durante la última noche de su estancia en la capital.
La joya la aportó el encargado de uno de los stands de la administración estatal, quien atrapado en una especie de síndrome de Estocolmo burocrático, agradecía a los delincuentes que “amablemente” solo se cargaron con un regulador de voltaje, respetándole el resto de los enceres de su espacio.
Imagínense las dimensiones de las existencias que resguardaba en el lugar, considerando que tenía a su entera disposición uno de los escaparates más extensos y costosos de toda la exposición.
La Expo Tamaulipas urge de una reingeniería absoluta si es que de verdad pretenden garantizar el éxito de la que se presume como la máxima fiesta del estado.
Lo tétrico es que la organización del evento, que debió ser un digno escaparate cultural para los 43 municipios, caminó de fracaso en fracaso bajo la batuta de la Secretaría de Desarrollo Económico, cuya titularidad estaba a cargo de Ninfa Cantú Deandar. Ninfita dejó tirada la logística y tiró el arpa al garete con tal de salir corriendo a Nuevo Laredo en busca de la candidatura formal de Morena a la alcaldía.
Para intentar asustar a los de arriba, sus asesores se encargaron de filtrar encuestas “patito” en las que presuntamente marcha en el primer lugar de las preferencias y se dice lista para devorarse en las urnas a las panistas Yahleel Abdala Carmona (YAC) y a la senadora Imelda San Miguel Sánchez.
El gran problema de esas mediciones de utilería es que solo se las creen en la dirigencia del partido; en Nuevo Laredo la ciudadanía tiene otros datos muy diferentes y la dura realidad del territorio demuestra que no uno, sino varios de sus correligionarios la superan con una facilidad pasmosa.
Volviendo a las tristes crónicas del recinto ferial, en el colmo de los descaros les diremos que a los ayuntamientos locales les endilgaron los espacios a precios inflados, pero se negaron rotundamente a brindarles seguridad interna o vigilancia perimetral; la consigna del comité organizador fue que cada quien se las arreglará como pudiera con sus pertenencias.
El resultado de este desamparo fue una oleada de robos nocturnos donde los ladrones vaciaron los módulos municipales, cargándose con pantallas de alta definición, proyectores, computadoras, extensiones industriales y cuanto objeto de valor encontraron a su paso. Ahora, los desdichados empleados de rango menor tendrán que enfrentar engorrosos procedimientos administrativos e informes de justificación ante la Contraloría Gubernamental del Estado.
Ya conocemos de sobra la voracidad de los órganos internos para perseguir sardinas y cebarse con el eslabón más débil, mientras que a la hora de integrar expedientes penales en contra de los verdaderos delincuentes de cuello blanco que se esfumaron con cientos de millones de pesos del erario público, simplemente se les nubla la vista y confiesan que no hay elementos para castigarlos.
Lo preocupante para los corruptos del presente es que cuando se active el reloj de la sucesión gubernamental, las cosas no serán del mismo color; aun si Morena retiene el control de la entidad, el próximo inquilino del tercer piso necesitará legitimarse ante la tribuna y más de un funcionario de la actual administración terminará inevitablemente durmiendo en prisión.
Durante los mismos recorridos por las luces de la feria capitalina, trascendió la ridícula puntada de un aspirante que pretendió pasarse de vivo. El hombre mandó fabricar de urgencia un cobertor gigante con su propio rostro impreso y le pagó una iguala a los puesteros para que simularan tenerlo a la venta al público en los pasillos del evento.
Esta penosa revelación sepulta de tajo el mito cibernético sobre la supuesta popularidad de este espécimen, bautizado en los cafés como el “vaquero inmobiliario”. Mediante rumores orquestados en redes sociales, pretendieron simular el éxito comercial de una cobija que en realidad parecía una simple sábana barata de tienda china, decorada con la imagen de este desgastado suspirante a la alcaldía de Ciudad Victoria.
A falta de méritos reales, nulo trabajo territorial y total escasez de talento político, este pillo prefiere intentar ganar adeptos emulando el más puro y vulgar estilo de la modelo Karely Ruiz.
Es perfectamente comprensible que un personaje con un expediente tan profundamente vinculado a la corrupción, al descarado abuso de poder y al enriquecimiento ilícito intente ahora desviar la atención de la opinión pública mediante la más rancia superficialidad que siempre ha definido su andar burocrático.
Así se la pasa la vida este hombre, perdido en el bluff mediático, la parafernalia digital y comportándose como una aparatosa carreta vacía: haciendo muchísimo ruido en el camino por donde pasa, pero al final del día completamente hueco por dentro.
Eso sí, nadie le puede regatear que a cualquier posición de la administración pública a la que logró colarse, siempre salió excelente para operar la transa y el diezmo. Si la tómbola de Morena le da la espalda y no se le concede el capricho de la alcaldía capitalina, quizás muy pronto lo veremos intentando seguir los pasos de la regiomontana en las plataformas de contenido exclusivo.
Lo único seguro es que durante los rudos días de la campaña electoral que se avecina, este suspirante terminará completamente desnudo ante el juicio del electorado, despojado de todas sus máscaras y con sus pecados inmobiliarios expuestos al aire libre. En el asfalto los ataques serán de verdad y llegará el momento en que las complicidades de la Fiscalía General de Justicia ya no bastarán para seguir protegiéndolo de la ley.
En el ecosistema guinda de Tamaulipas, la espera desespera, carcome las estructuras y destruye las alianzas. Mientras en los pasillos de la feria algunos aspirantes aprovecharon la recta final para regalar boletos de los juegos mecánicos y placearse saludando de frente a los victorenses, otros prefirieron derrochar dinero pagando simulaciones para exhibir sábanas chinas con su rostro e intentar competir en popularidad con los ídolos de internet.
Desgraciadamente, un tercer grupo fue al recinto estrictamente a robar y desde hoy planifican cómo saquear el presupuesto en la próxima feria presupuestal de la capital.
Bueno, por hoy es todo.
El patinazo… miren que mandar a imprimir tu rostro en una cobija barata para tapar las denuncias de corrupción laboral puede terminar provocando un aparatoso resfriado en las urnas del 2027.
