Mario Vargas Suárez

Regularmente los comentarios antes, durante y posteriores a las campañas electorales, se inclinan a favor de un candidato y de su partido o coalición.

EL pésimo susto , de un tiempo a esta parte, es la exhibición de situaciones que bien pudieran parar en el Sistema Judicial, ya por la comisión de delitos, ya por la expresión de falsedades y hasta en perjuicio de las familias.

Hoy este espacio lo dedico a ese anécdota que pareciera sacado de una fantasía, de la pluma de algún escritor de guiones cinematográficos o de la televisión y no de la cruda realidad electoral.

En la pasada contienda electoral hubo cosas que no vimos -ni siquiera en publicaciones- de los funcionarios y de militantes de partidos políticos desde días antes de la elección hasta la noche previa al domingo 4 de junio, seguro que trabajaron muy arduamente.

Según el nivel de los funcionarios, unos estuvieron hablando por teléfono, otros tomando acuerdos, dando instrucciones, haciendo corajes, pidiendo o cobrando favores, etc., pero seguro muchos se desvelaron y quizá hasta se amanecieron al domingo 4 de junio.

Luis, el nombre primero de esta anécdota electoral, es uno de los hombres cercanos no al candidato, sino al primo del candidato, es un personaje que juega en las ‘ligas mayores’ de la grilla nacional, por lo que su participación pública es importante.

Luis llegó a su casilla electoral en Toluca, EDOMEX, con la sonrisa de Facebook para las cámaras fotográficas y de video que captaban su imagen desde el mismo momento en que bajó de su vehículo, a la puerta de la casilla electoral.

El alto funcionario llegó vestido con ropa de domingo, no del traje de oficina, no de ropa formal y de acuerdo a su rango. El momento ameritaba relajado, “enseñando la mazorca” como diría mi santa abuela, para las fotos de la prensa nacional.

Las preguntas de rigor, sobre la alta función que desempeña en el gobierno federal de Enrique Peña, obligaron a Luis a detener su paso para la emisión de su voto y contestar las preguntas de los reporteros que no solo iban por datos sobre la elección, sino también por temas de los hombres cercanos al presidente.

La sonrisa nunca se apartó de Luis, siempre se le vio atento a las interrogantes periodísticas sin perder un halo de confianza en todo lo que declaraba a los micrófonos de la prensa local y nacional.

Cuando no hubo quien preguntara más, con esa habilidad que tienen los políticos de altos niveles, Luis siguió su camino con los funcionarios electorales que lo primero que hicieron fue requerirle su identificación con la credencial de elector.

De la bolsa trasera del fino pantalón, con un hábil movimiento obtuvo la billetera y de ahí sacó el plástico para entregarlo al funcionario de casilla, Mientras Luis seguía levantando la mano en señal de saludo de amigos, conocidos y quizá vecinos.

Luis estaba tan absorto repartiendo sonrisas y buscando rostros para saludar que en un primer momento no entendió lo que el funcionario electoral le decía, por lo que tuvo que preguntó “¿Cómo?”. Sin reparo alguno el joven de la casaca del INE, repitió algo que los medios ya escucharon con mayor claridad: “no aparece en el padrón electoral porque su credencial de elector está vencida”.

Nuevamente la pregunta se hizo y la contestación fue la misma. La credencial de Luis Enrique Miranda Nava, titular de la Secretaría de Desarrollo Social (SEDESOL) estaba caduca.

Incrédulo, buscó a alguien y luego expresó “¡Rafa!… ¡Rafa!… que no puedo votar… la credencial está vencida”… como si su asistente pudiera hacer algo para remediar la angustia mediática que Luis, el Priísta, pasó en la tierra que alguna vez quiso gobernar desde el Palacio Municipal y que perdió frente al PAN (2006).