Raúl Hernández Moreno

Ya empiezan a aparecerle peros a la convocatoria del PRI para la elección de su nuevo dirigente estatal.

Primero el  ex diputado federal Enrique Cárdenas la impugnó ante el Tribunal Electoral porque a su juicio establece un término muy largo para la elección, el 14 de agosto, si se apunta un solo aspirante, o el 26 de agosto, si hay más de dos prospectos.

Tiene toda la razón Cárdenas, la fecha debió ser más corta, no más de 15 días, una  vez emitida la convocatoria,  puesto que los cambios debieron haberse hecho por lo menos hace 10 meses.

A la inconformidad de Cárdenas hay que añadir que la convocatoria es discriminatoria pues solo se elegirá al presidente y tiene que ser hombre. Esto significa que Aída Zulema Flores Peña seguirá como secretaria general, lo que suena a burla, pues ella, junto con Rafael González Benavides, son corresponsables de la derrota del 5 de junio de 2016 y ambos debieron  haber renunciado días después de la debacle.

Es una  burla para los priistas que a Aída Zulema sea ratificada, es decir, premiada, como si haber perdido fuese una  gracia. Lo menos que la mujer puede hacer es  actuar con dignidad y renunciar, pero ya sabemos que muchos políticos no saben que es la dignidad.

Como si todo esto fuese poco, el nuevo dirigente lo estará solo en lo que resta del presente año, lo cual es un absurdo puesto que el proceso electoral inicia en septiembre de este año.

¿Para qué elegir un dirigente interino  de seis meses y  luego  tener que repetir un proceso eleccionario? Claro, si en este momento el PRI tardó 14 meses para reaccionar ante la derrota –y eso porque un tribunal electoral se lo ordenó–  igual  podrá hacer quien sea electo en agosto, para después de diciembre  hacerse el occiso y  no convocar a elecciones, aprovechando que los priistas son lentos para reaccionar.

A esto hay que agregar que le presidente del Comité Ejecutivo Nacional del PRI,  Enrique Ochoa,  acaba de decir que el candidato presidencial  será   dado a conocer hasta el invierno, que  arranca el 22 de diciembre.  En pocas palabras, no  hay prisas, todo puede esperar. Si esto es cumple, será motivado por el Presidente Enrique Peña Nieto para  tener una presidencia  fuerte,  lo más alejado de su fin de mandato. Total, el  ya va de salida y está  eufórico porque acaba de  derrotar, por segunda ocasión, a Andrés Manuel López Obrador, que era el enemigo a vencer y lo  venció. Lo demás, se imagina, será  poca cosa.

Total que hay fuerzas obscuras que no quieren que el PRI salga de la inactividad, aunque por otra parte, la  posición de Oscar Luebbert, convocando a un PRI unido y  con estrategia,  ha motivado a quienes tiene el poder siguen es

tando convencidos de que el tricolor tiene cuerda para rato. Esta motivación de da especialmente entre las bases, porque los de arriba, hay que decirlo,  al mismo tiempo que estén en espera de lo que decida el partido, buscan alternativas en otros partidos, principalmente en Morena y el PAN.

La política es así, no importan ideologías ni partidos, mientras se esté cerca del poder. O mejor aún, cuando se tiene el poder.