Por Raúl Hernández Moreno

Es muy temprano aún  para evaluar el desempeño de los alcaldes tamaulipecos.  Es   irresponsable  hacerlo, cuando apenas van poco más de 100 días de  ejercicio.  El mejor juicio lo tienen los ciudadanos y la  historia, que suele ser implacable.

La experiencia muestra y  confirma que cuando los alcaldes son evaluados por organismos especializados, literalmente les dan el beso de la muerte. Lo vimos con MarcerloEbrad, con Alfonso Sánchez Garza, con Carlos Canturosas.

En el 2010 la City MayorsFoundation ubicó en el lugar número 1 de los mejores alcaldes del mundo, al Jefe de la Ciudad de México, Marcelo Ebrad. Con el paso de los años, el PRD lo expulsó de sus filas, en el 2015 no le permitieron  ser candidato a diputado plurinominal del Movimiento Ciudadano y terminó desterrado  en París. Hasta la fecha, de su figura se desprende un olor nauseabundo, a cadáver político.

Igual le paso a Alfonso Sánchez Garza, presidente municipal  de Matamoros, a quien la misma fundación, en el 2013 lo  ubicó en el lugar número 10 de la lista de los mejores alcaldes del mundo, por encima de quienes gobiernan a ciudades como País, New York, Buenos Aires, Orlando, Las Vegas, Munich, Londres.

Con todo y esa medalla, a Sánchez Garza sus  conciudadanos le dieron la espalda y en junio del 2013  le dieron el voto al PAN, como la mejor muestra de su inconformidad por su forma  rara de gobernar.

Carlos Canturosas fue elegido el mejor alcalde de México en el 2014 y 2015 por el Gabinete de Comunicación y Estratégica, en base a un estudio que realizó en 53 municipios.

Ser el  mejor alcalde no influyó en el Partido Acción Nacional que en el 2016 decidió que su candidato a gobernador  fuese Francisco García Cabeza de Vaca. Lo que es peor: con todo y tener  medalla del mejor alcalde  fue  hecho a un lado en la integración del gabinete estatal  y de paso ha sido desterrado políticamente. Cabeza no lo quiere.

¿Sirve de algo,  pues,  comprar o ganarse una medalla de mejor alcalde?

En Nuevo Laredo, el alcalde Enrique Rivas Cuéllar se esfuerza por  destacar políticamente y al mismo tiempo imprimirle un nuevo rostro a la ciudad, devastada por el crecimiento poblacional y años de abandono.

En los primeros 100 días de gobierno, la administración municipal emprendió obras por 221 millones de pesos,  visitó 21 escuelas, desde jardines de niños hasta secundarias y se realizaron mejoras como  construcción de bardas, módulos de baños, áreas de juegos infantiles, impermeabilización, estacionamientos, pintura e instalaciones eléctricas.

Se  autorizaron 15 mil 560 becas escolares; se entregan 9 mil despensas mensuales;  las  juntas de cabildo son públicas; en materia de transparencia a los funcionarios se les pidió su 3 de 3;  hay una apertura a los medios; una mejor  comunicación con todas las fuerzas políticas; un dialogo con los organismos empresariales y civiles.

A propósito de sus primeros 100 días, dijo que  está convencido que más modernidad para nuestra ciudad es posible, pero requiere de la disposición, diálogo y trabajo de todos, nuestra generación está llamada a impulsar a Nuevo Laredo con visión y con audacia”.

“Sigamos construyendo juntos un Nuevo Laredo a la altura de nuestra historia, a la altura de nuestro tiempo, de nuestros desafíos y a la altura de nuestros sueños. Sí es posible un Nuevo Laredo con más modernidad con la fuerza de lo que mucho nos une”, subrayó.

Ahí la lleva.