Raúl Hernández Moreno
Hasta antes de la década de los noventas del siglo pasado, el festejo del grito de independencia en Nuevo Laredo, era seco, ajustado al protocolo, muy formal. Se reunían cientos y a veces algunos miles y disfrutaba en programa músico-cultural.
Con el arribo de Arturo Cortés Villada a la presidencia municipal, en 1990, todo cambio. Fue él quien trajo a cantantes y grupos musicales de moda, además de que no escatimó en la contratación de expertos en fuegos pirotécnicos que eran la delicia de chicos y grandes, no solo por el estallido multicolor en el cielo, también por el espectáculo que se presentaba a ras de tierra, con tronidos y fuegos que simulaban un enfrentamiento a cañonazos entre insurgentes y realistas.
Con Cortés Villada, a los festejos asistían decenas de miles de asistentes que además de mostrar su nacionalismo, su amor a la patria, de paso se divertían con el espectáculo de luz y sonido.
Paralelamente la Independencia también se celebra en la Feria y Exposición Fronteriza donde cada año miles primero disfrutan la participación de grupos musicales y después se maravillan con el estallido de los cohetes y sus múltiples colores que por segundos iluminan el cielo.
No hay a quien no le gusten los fuegos pirotécnicos.
A propósito de la Independencia, este día el historiador Rafael García Ortega dictó una conferencia en la Biblioteca Octavio Paz sobre la forma en que se vivió esta guerra civil en nuestro país, no en Nuevo Laredo, porque entonces no existía, sino en la Villa de San Agustín de Laredo, cuando Texas pertenecía a México.
Don Rafael es autor de un libro sobre este tema, en el que explica que para 1819, la villa de Laredo tenía 1,460 habitantes, no llegábamos ni siquiera a la población que actualmente tienen colonias como el Infonavit, Reservas o la Nueva Era.
La noticia del estallido de la revolución de Independencia al principio no impacto porque el entonces Comandante de la Villa, Ramón Díaz de Bustamante dio la orden de que todo aquel que simpatizara con la causa del cura Hidalgo seria azotado en la plaza de armas, se le confiscarían sus bienes y sería fusilado.
Además estaba prohibido hablar del tema. Sí, es que la libertad de expresión siempre ha sido perseguida por los tiranos, de todas las épocas, de todas las culturas.
Total que hubo pocas acciones militares en la región actual de los dos Laredos, durante los 11 años que duró la guerra, a la que le puso punto final Agustín de Iturbide, uno de los tres villanos favoritos de la historia de México. Iturbide consumó la Independencia y aquel 27 de septiembre de 1821, cuando su ejército, el triunfante, entró a la capital, la gente salió a recibirlo con flores, con vivas. Lo recibieron como el héroe que en ese momento era. A él también le debemos haber ordenado el diseño de nuestra actual bandera, mientras que a otro villano nacional, Antonio López de Santana, le debemos el himno, con todo y sus alusiones religiosas. ¡Cosas de la vida!
