Raúl Hernández Moreno

 

En los últimos tres años, de dos millones 600  mil spots  de radio y televisión autorizados a Morena, Andrés Manuel López Obrador apareció en dos millones 100 mil.

A su vez, Ricardo Anaya  apareció en 1.4 millones de los 8.7 millones autorizados al PAN.

Los spots tienen como fin promover a los partidos y a sus candidatos, pero en tiempo de elecciones, en los spots de Morena aparece López Obrador, pero no los candidatos de esa franquicia.

Lo vimos aquí en el 2015 cuando Morena compitió para obtener su registro y el partido tuvo como candidato a diputado federal a Damián Soto Cortés de quien no se transmitieron  spots, pero en cambio si se  distribuyeron los de López Obrador. Y es que a López Obrador no le importa nadie, más que él mismo. Es un tremendo egoísta, un narcisista, no quiere a nadie y en lo único que piensa  es en su propio beneficio.

Esto bien que se percibe desde afuera, pero en cambio al interior de Morena impera el fanatismo en torno a López Obrador quien utiliza los recursos públicos  de ese partido para su propio beneficio.  Con ese dinero se da la gran vida.

Pero esto de los spots  está por terminar. El Instituto Nacional Electoral  va a emitir nuevas reglas sobre el uso de los spots de radio y televisión  para que los presidentes de los partidos nacionales no los usen a su libre criterio.

Por supuesto que esto no le va a gustar a López Obrador ni a Ricardo Anaya, porque promoverse con dinero ajeno es  todo un agasajo.

No es lo mismo cuando un político se promueve con dinero propio  como lo hace Rafael Moreno Valle. Que el dinero  que  ahora  gasta no lo haya obtenido de una manera transparente, es otro boleto, lo cierto es que ese dinero ya lo tiene en su bolsa  y de esa bolsa lo está sacando para promover sus aspiraciones. En  cambio lo que hace López Obrador es  muy cuestionable y si hubiese ganado el Estado de México, la cosa estaría peor, pues tendría un presupuesto de 370 mil millones de pesos  anuales para  financiar sus sueños mesiánicos, porque eso de su honestidad solo lo creen sus fanáticos.

Además de limitar las apariciones de  los  presidentes partidistas  en los anuncios de radio y televisión, también sería saludable reducir los  spots que se transmiten  actualmente. Dos millones 600 mil spots para Morena, en tres años, son una   barbaridad. Juntándolos son  días y días completos de transmisión y la verdad es que  los comerciales electorales no son algo que la gente siga, en un mundo donde todos los días se estrenan  películas, series, eventos deportivos,  canciones  y toda clase de programas que  compiten entre sí para  obtener audiencias. Los estudios y a las televisoras les cuesta mucho cada producción  que lanzan al aire, con el añadido de que entran a un mundo de competencia donde pueden triunfar, pero también cabe la posibilidad de fracasar y que ese fracaso se convierta en pérdidas económicas y en cambio para López Obrador y los partidos, todo es gratis.