Carlos López Arriaga

Una vez formalizado el Frente Ciudadano por México (FCM) afloran las dudas en el plano regional, para las tres organizaciones coaligantes, PAN, PRD y MC.

Y aunque todo indica que también habrá acuerdo en materia de gubernaturas, el tema es si ello implica (o no) candidatos comunes para alcaldías, diputaciones y senadurías.

O bien se permitirá a sus respectivos comités locales un cierto margen de autonomía para que decidan en qué casos trabajar como aliados o rivales.

Lo inevitable es que los dirigentes de estos partidos en Tamaulipas, KIKO ELIZONDO (PAN), ALBERTO SÁNCHEZ (PRD) y GUSTAVO CÁRDENAS (MC) deberán caminar juntos, del brazo y por la calle, en la carrera presidencial.

Verse las caras y no precisamente como antagonistas, sino como coadyuvantes. Coordinar acciones y empujar en la misma dirección, como lo dispone el acuerdo anunciado por sus respectivos presidentes nacionales: RICARDO ANAYA (PAN), ALEJANDRA BARRALES (PRD) y DANTE DELGADO (MC).

Y bueno, ese difícil tránsito de adversarios a socios implica acaso un deliberado esfuerzo de conciliación. Privilegiar las coincidencias sobre las diferencias.

Un espíritu de concordancia que acaso no olvide, pero temporalmente perdone. O bien minimice y otorgue un valor relativo a todo lo que antes dijeron públicamente unos de otros, al calor de las campañas electorales.

SUPERAR RENCILLAS

Inolvidable, sin duda, la aspereza mostrada en 2016 por los entonces candidatos del MC y el PRD, GUSTAVO CÁRDENAS y JORGE VALDEZ, contra su adversario panista FRANCISCO GARCÍA CABEZA DE VACA, particularmente en los debates televisivos.

Hoy, los partidos de cada cual deberán colaborar en aras de un objetivo superior. Ganar la primera magistratura del país, para el recién creado Frente Ciudadano por México.

Apenas en mayo pasado hubo un intercambio de dimes y diretes entre la Secretaría de Educación en Tamaulipas y el líder del Sol Azteca en la entidad.

Ello ocurrió cuando el titular de la Unidad Ejecutiva en la SET, el ex priísta MARIO LEAL, reportó que ALBERTO SÁNCHEZ tendría una plaza como maestro de tiempo completo que solamente cobra sin estar frente a grupo.

Se diría que son roces propios de la competencia política, entre el partido que gobierna y quienes operan desde la oposición.

Por todo ello, si por disposición nacional, deben ahora trabajar juntos, en buena medida están obligados a dejar sus diferencias a un lado.

Al menos en lo que dura el cotejo. Desde hoy hasta la cita con la urna en julio del 2018 donde deberán vérselas con el aspirante de MORENA ( hoy puntero en las encuestas) ANDRÉS MANUEL LÓPEZ OBRADOR y quien resulte nominado por el PRI.

UNIDAD EN RIESGO

Importa también recordar el comentario aquel de RAFAEL MORENO VALLE, uno de los tres aspirantes panistas, cuando llamó a la unidad interna del PAN. La cuál identificó como una condición necesaria, antes de materializar el acuerdo con otros partidos.

Y no le faltan razones. El gran interés que ha despertado la propuesta del Frente Ciudadano tiene un punto vulnerable. Que alguno de los participantes asimile mal su derrota y quiera buscar la vía independiente.

El caso más sonado es el de MARGARITA ZAVALA, quien se ha dejado querer por las voces de los medios cuando dicen que podría ganar sin partido, al estilo JAIME RODRÍGUEZ, el “Bronco”.

Sin negar la popularidad que hoy tiene la ex primera dama, una decisión de esta naturaleza podría generar dentro del PAN un boquete similar al que AMLO provocó en el PRD, cuando fundó MORENA.

En el caso de AMLO ha sido un saqueo sistemático de simpatizantes, operadores, cuadros y activistas a lo largo de seis años. En el de MARGARITA ocurriría de golpe y esto nos permite dudar de su éxito. El daño sería para el PAN.